Las Precuelas: Una historia admonitoria

En días anteriores en algún artículo que no logro encontrar de nuevo, leí con cierta resignación que Disney tenía claro que iba a seguir produciendo películas de Star Wars por una docena de años más. En sí, no me molesta esa noticia, era de por sí esperable desde el momento en que compró los derechos a Lucasfilm. Las dos películas -hasta ahora- no han sido malas, tan poco han sido sobresalientes, pero la barra no está partícularmente alta en lo que se refiere a películas de Star Wars. 

Disney y su maquinaria continuarán haciendo lo que han hecho ahora: poner orden en un universo narrativo que era dominado por el (in|mal)genio de su creador. Ocurrirá sin correr riesgos. Optará por lo seguro. Y así buscará las formas de llenar vacíos en ese amplísimo universo, reciclando los resabios de un universo extendido anterior en narrativas que sabe bien dará satisfacción a sus fans y con apenas la suficiente dosis de diversidad y progresismo para no alienar a sus jóvenes fans. 

En ese sentido, lo que vendrá es predecible. Y por ende, sin gracia. 

Es por eso que con duda pretendo volcar la mirada a las precuelas. A las 6 horas y algo de mal cine. De diálogo triste, de efectos rápidamente envejecido, de un reparto subutilizado y poblado de personajes innecesarios, estereotípicos y hasta ofensivo. No es posible convertirse en un apologista de las precuelas, sin embargo sí es posible decir algo positivo de ellas: narrativamente fue más atrevida. 

Las películas originales, a pesar del ostentoso título "Star Wars", realmente se limita a tres batallas (Yavin, Hoth, Endor) y un complicado drama familiar. Las precuelas son inevitablemente más complicadas. Sí hay tres batallas principales (Naboo, Geonosis, Coruscant) pero se confirman varios otros frentes de batallas. Más aún: Las precuelas dedican valioso tiempo a un tema crucial: ¿Cómo una República unificada y pacífica decae en Secesión, Guerra y Dictadura?

Los que esperaban tres películas dedicadas a los orígenes del drama familiar (¿Cómo Anakin Skywalker deviene en Darth Vader?) se decepcionan rápidamente ante las escenas del Senado, ante las complejas tramas políticas, la terminología más cercana a la política parlamentaria bi-camaral estadounidense (hasta la misma distinción entre Senador y Representante). Y sí, las tramas son innecesariamente complejas (Soy Palpatine, soy malvado y controlo ambos bandos, pero que la audiencia no lo sepa aunque es obvio), los enemigos son una colección de muppets y el Conde Dooku aperece en una película como un importante intrigante y otra como alguien a punto de perder la cabeza. 

Resulta lamentable que esa trama haya sido malograda tan rotundamente. Resulta lamentable porque ese era el hilo narrativo que debió haber dado cohesión a las tres películas y que debería haber sido el que guiara la lectura de las precuelas tiempo después. ¿No sería maravilloso leer las circunstancias democráticas estadounidenses actuales a la luz de unas precuelas que abordaran la aniquilación de la democracia como un tema maduro e importante?

No soy de aquellos que consideran a Lucas un genio. Le reconozco, sin embargo, esa genialidad aunque pifiara su ejecución: una parte crucial de la 'guerra' en las Guerras de las Galaxias, son su origen. Un origen que está urdido en la ambición, en la codicia y en el poder. Sí, Palpatine busca el poder, busca la venganza de los Sith, pero los que lo habilitan son los codicios líderes del comercio que en su miopía ven sólo el lucro inmediato. 

En fin, una advertencia importante, una historia admonitoria.