Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

¡Lluvia!

Lluvia, a parte de ser el nombre de una salsa es también el estado de precipitación en el ciclo del agua. Metafóricamente descriptible como las lágrimas del cielo (o San Pedro meando, dependiendo de la madurez ideológica) en realidad la lluvia es algo que viene a arruinar todo. Otra vez –para nosotros los mortales desprovistos de ruedas- empiezan los problemas de la temporada lluviosa: zapatos embarraleados, ruedos dañados y el paraguas vuelve a constituir parte fundamental del guardarropa. Nuevamente el número de Taxis Alfaro es indispensable, y el aire se carga con el bochorno de la lluvia tropical. Y los queridísimos aguaceros llegan al punto de ahogar el sonido de la música.

Dirán los treehuggers y optimistas que con esto reverdece el país, se recuperan los suelos y hasta la acequia de la ECCI deja de apestar. Con sus buenos aguaceros ocasionales se evitan las sequías y los cortes de luz del ICE, y hay que admitirlo: nada es más rico para echarse a dormir la siesta bajo el arrullo de la lluvia.

Independientemente de esto el freaking invierno ya cayó, dolorosa y fuertemente, aquí en las montañas de San Moncho de Tres Ríos parece ser el Diluvio. Casi que estoy apunto de ir a construir un arca de madera, montarme con los tres gatos e ir a encallar a algún lugar donde no llueva.

Modus Vivendi

¡Bluargh!