Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Modus Vivendi

Aunque parezca obvio hay cosas que deben ser aclaradas, mantras que se repiten para terminar de convencernos de su veracidad. La repetición hace al hábito, y de ahí es sólo un pequeño salto a que se convierta en una verdad. Nuestra verdad. No hay tal cosa como un día normal. Se podría decir que un día rutinario es un día normal. La circunscripción de los eventos a un marco espacial-temporal parece robarle al azar de su influencia. Sin embargo algún dios, el azar o la teoría del caos (de menor a mayor, en orden de credibilidad) siempre encuentran alguna forma de alterar los más pequeños detalles de las cosas más comunes.

Alrededor de las 7am en la parada de San Ramón; misma hora, mismo lugar, misma línea de bus. Lo anormal: el bus, aunque con abundante espacio, no paró. La razones son impenetrables, lo sabrá solo el conductor. Se genera un tardanza: 1 hora y 20 mins después de salir de mi casa estaría llegando a la…

Alianza Francesa, el minutero ya estaba más cerca de las nueve que de las ocho. La clase parece normal, mismos temas aburridos, mismo ‘amigo de todos los niños’ pululando por ahí, eventualmente la misma evaluación (sabor del día: comprensión oral) y el mismo resultado (sabor del día: 'no entendí ni shite del dictado). La fractura, la sorpresa de que para el miércoles hay tener un platillo/bebida (definitivamente y por dicha bebida espirituosa) de Martinica. Naturalmente hay que conseguir los ingredientes para el Coco-Punch.

La cantidad de lugares para conseguir esto es finita y limitada, de ahí que la primera idea (y la única razonable): ir al Auto Mercado. Donde la consecución de los ingredientes fue fácil (casi, solo faltó una cosa que igual no creo que se pueda conseguir con facilidad). Lo normal: el éxito, la satisfacción, de una buena compra que irá a terminar en algo con bastante ron, lo extraño: andar paseando dos latas de leche de coco todo el día. (Aunque por un par de horas terminaron en otras manos, o más bien bulto) (el inevitable "JUEPUTA! DEJÉ LAS LATAS EN EL BULTO DE ALEJANDRO" fue muttered en algún lugar del pretil, y por dicha no fue escuchado por nadie).

Del almuerzo con Axel y las grabaciones de Grodd no hay mucho que decir, lo primero es rutinario, lo segundo escalofriante. Luego el encuentro con espectros que ya pasaron a mejor vida (a la vida del graduado en Informática) que aun regresan a asustar a la ECCI. La clase de Rodolfo, la divergencia de la metódica común de la clase magistral, a la inmersión total en la lluvia de cerebros para el MasterMed fue algo sui generis, la aburrición resultante no lo fue, ni las 'valiosísimas' colaboraciones de tantas luminarias de la clase.

El ‘examen de Willy’ tal vez se podría considerar la cosa más anormal que haya acaecido a una cosa rutinaria. En un examen, por lo general se beneficia el que ha estudiado, y más allá el que ha entendido, la prueba –como lo sugiere el nombre- debe servir para verificar un conjunto de conocimientos del estudiante. El ‘examen de Willy’ es una oposición total, marcar con ‘x’, pareo y complete, creo que desde Estudios Sociales de 3er grado no veía algo así. Por un momento creí que ya no estudiaba ‘Compu’, que había sido teletransportado a una clase “Cuac” en un “Centro de Estudios Los Patitos”.

Que mi tarea de ruso terminara siendo hecha por una rusa y que mi bus hacia ‘dónde el diablo dejó la chancleta’ estuviese saturado hasta más no poder cierran la jornada fuera de la casa. Normalmente mis tareas las haría yo, y nadie sube a Moncho, por lo que el bus va cómodamente vacío.

Por último, la más sensacional anormalidad impuesta sobre el evento normal. Que en vez de estar haciendo cualesquiera otras sandeces me haya dedicado a escribir en el blog esta tremenda, rebuscada y alargada barrabasada (me pregunto, si alguien lo leerá todo. If so, comentarios por favor. Chava, yo sé que vos estás leyendo esto).

En retrospectiva el día sí fue un día normal. Una verdadera ruptura con el modus vivendi habría sido completamente diferente, quiérase algo telenovelesco; que el atraso del bus me hubiese llevado a tomar el bus de Granadilla en vez de esperar; el bus por disposición de la fatalidad sufre un desperfecto grave y en una empinada cuesta pierde los frenos. La inexperiencia e incompetencia del chofer tienen un único desenlace posible: el bus se vuelca, los pasajeros quedan heridos o inconsciente. Me afecta una amnesia, y estando inconsciente se me despoja de billetera, bulto o todo lo que me permita identificarme.

De ahí la historia se sigue ramificando, termino en alguna organización criminal, o en algún remoto y extraño país viviendo una vida ajena a la mía. Tal vez un puñado de lustros después algún evento del pasado resurge, e inicia el tramo final del viaje: el regreso al inicio, la reconciliación con el mundo, la memoria vuelve: El happy end.

Esto no es más que una fantasía, ciertamente surreal e imposible: todos tenemos rutinas, días normales en los cuales existen mínimas y pequeñas variaciones, ligeros sazones que por dicha evitan que los lunes se confundan entre sí.

Trabajo Comunal

¡Lluvia!