Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Trabajo Comunal

Como parte del ciclo de posts ligeramente absurdos es hora de balbucear sandeces sobre un acrónimo de tres siglas que sea probablemente uno de los conceptos que más bostezos arranca en los estudiantes en sus últimos semestres. El T.C.U. es una espada que cuelga sobre la comodidad y tranquilidad de todos, de repente la soga que la sostiene se rompe y el peso completo de 300 horas de Trabajo Comunal caen sobre cada quien. Un piano aplastante, o un yunque en una caricatura. Una misión universitaria. El día de ayer cumplí con mis primer 2% del TCU, pinches 5 horas (sí, ok, lo admito, en realidad es por ahí del 1.66... %) que no son nada. En sí la cantidad de horas del TCU es difícil de imaginar. En algún momento introspectivamente consideré que con tal de terminarlo gustosamente dejaría de ver las mejengas de los domingos. Asumiendo que la transmisión de un partido dura alrededor de 2 horas, y que en un domingo se pueden ver 3 partidos (Seria A en la mañanita, el de acá a las 11 y alguno en la tarde). Se ocuparían 50 domingos, y que en cada uno se vieran tres partidos para cubrir las horas del TCU.

Considerando que un año tiene 52 domingos, que hubiese que sacrificar cincuenta es demasiado. Pero recordemos que también hay juegos los miércoles, y los sábados en la noche, con lo que si se vieran todas las transmisiones se estaría llegando a 10 horas de futbol por semana, y serían necesarias 30 semanas. Alrededor de 7 meses y medio. Lo cual constituye la mayor parte de una temporada futbolística.

Pensemos entonces el TCU como un curso semestral en la UCR. Redondeando que el semestre se compone de 15 semanas (en realidad 14, pero por aquello de facilitar los cálculos dejémoslo en 15). Se necesitaría llevar 20 horas cada semana para terminar el TCU. ¡En otras palabras, de lunes a viernes habría que dedicar cuatro horas al TCU para finalizarlo!

Finalmente –y ya estando, en teoría, cerca de comenzar a trabajar- veámoslo como un nombramiento laboral a tiempo completo. A 40 horas semanales el TCU de trescientas horas hombre se podría cumplir en siete semanas y media. Casi dos meses de trabajar de gratis para cumplir el más estorboso requisito para graduarse. ¿O sea, quien trabajaría dos meses, cuatro quincenas por nada, solo para una carta?

A todo esto se cabe preguntar si las condenadas tres centenas de horas valen la pena. ¿Puede parecer algo exagerado? Aunque pueda ser que mi vagancia patológica esté hablando por mí, parece ser un poco extremo, y tal vez quepa bajar un poco este límite.

<!--- O tal vez no. Pensémoslo así, si bajáramos la cota mínima superior (las 300 horas) a un número más razonable. Eventualmente alguien volvería a decir que la nueva cantidad (imaginemos que 150 horas) es excesiva, y se volvería a sugerir una reducción. Y así sigue este decrecimiento asintótico de límites que se van disminuyendo. (Si comprendieron el ejemplo merecen una felicitación, el principio detrás es el de la derivación en el cálculo) ---!>

Volviendo a las 300 horas (no entiendo la fijación con que sea un múltiplo de tres), hay que plantearse qué tan bien se estén aprovechando estas horas. De la misma forma que uno se pregunta que para qué cruzó la gallina la calle, cabe preguntarse que para ¿qué van dos informáticos y una filósofa a El Guarco? ¿Ayudar a la comunidad? Sí, en teoría sí, pero ¿se está haciendo de la mejor manera? En otras palabras, ¿un informático que tanto puede hacer involucrándose tanto directamente con la comunidad? No tanto, por su profesión se sabe que las fortalezas que ha curtido durante cuatro o más años no se están aprovechando, porque para ello debería estar él sirviendo en otro lado. Por lo que he oído de otra gente extraigo que queda como un sinsabor en el TCU, un mensaje subyacente que parece decir que al cabo de cuatro años la única forma de ayudar a las comunidades sería o pintando paredes, u ordenando hojas, o haciendo encuestas, y que aquello que se ha estudiado no llega a tener valor a la hora de cumplir la misión de ayuda a las comunidades.

Por esto –entre otros- el TCU parece ser un estorbo para los casi-graduandos. Estos blindspots del sistema son los que ‘maleducan’ a cada estudiante sobre la naturaleza del TCU, los estudiantes no verán la ayuda a la comunidad como algo importante (porque ellos no fueron vistos como profesionalmente importantes), y de ahí es solo un salto trivial hasta que se decida que una solidaridad comunal tampoco tiene nada que ver con ellos. Un profesional que no pueda o no sepa como ayudar a su comunidad/ciudad/país es algo peligroso a largo plazo, y no es que sea culpa de él, sino que tal vez el sistema que en algún momento debió enseñárselo, no lo supo hacer de la manera correcta. A ellos al fin y al cabo les interesaba tener el título para ponerse a bretear.

Neurons in the Dark

Modus Vivendi