Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Estoy en paz. 

No estoy en casa, pero estoy tranquilo. Relajado. La noche es cálida, al igual que el agua. Sí, hay agua, agua termal, mineralizada, el sutil aroma del azufre está en el aire, pero no es molesto, sino simplemente característico, anecdótico. El tímido coloso se esconde tras un abanico nuboso.

Tal vez la piel se rebele un poco ante tanta agua, se extiende, se contrae, se arruga; el resto del cuerpo está a gusto. El corazón late alegremente, acelera su compás. Los ojos se dejan cerrar, los músculos se relajan.

De pronto me acomodo mejor, estoy casi horizontal y veo el cielo. El manto de estrellas está parcialmente oculto, entre nubes grises. Pero las nubes son chistosas, aleatorias, como partes incompletas de una pintura; no nublan, no opacan, sólo están ahí, casi de forma decorativa.

Uno se pierde viendo las estrellas, ve fijamente una, y pronto empiezan a verse las demás. Destellos que empiezan a brotar entre la oscuridad del cosmos infinito. Me dejo sumergir, mis orejas quedan bajo el agua; todo enmudece, sólo el suave caudal es perceptible y el suave latir de mi corazón.

Hombre en agua. El agua a la temperatura del cuerpo. Eterna comunión del hombre, la naturaleza y el ambiente. Paz. Fugaz y eterna.

En el cielo, entre las nubes se ven los resplandores de relámpagos mudos, el trueno, seguramente distante no se percibe. Debe estar lloviendo en casa, en el Valle Central. Lluvias de Ts, de Cs, de Ues. Lluvias de páginas de Internet, lluvias de todo lo demás. Por hoy creé un velo que dejó por fuera el cansancio, el tedio, el estrés, la ansiedad, los nervios. Estuve en paz en la terma, ahora juego con mis placebos electrónicos, pero no pasa más de un jugueteo feliz y risueño. 

La insoportable modorra del ser

Veinte Alitas