Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

The Story So Far

Confieso que llevo casi un mes con la intención de escribir y reconozco que ha sido principalmente por pereza que no lo he hecho, hoy por fin, el teclado decidió secuestrar mis falanges, poner las yemas de los dedos a danzar sobre las teclas negras para darle forma a este nuevo y último post.Lo más irónico es, creo yo, que estoy escribiendo sin Internet. La lluvia de rayos (nótese la preposición de, en lugar de con, pues no ha caído una sola gota de agua, sino solamente esas hebras eléctricas del color del magnesio han descendido a mi alrededor) me ha dejado sin Internet; alguna estación de Amnet debe estar ionizada, chamuscada y calcinada. Tristemente debo especular: Miles de bits murieron en el ataque. Acumular tanto para contar no es una buena práctica, pues de tanto que pudiese haber pasado ya no sé por donde comenzar, ¿por el principio? ¿recuperar una cronología innecesaria para ello? ¿por importancia y relevancia? ¿obligándome a sopesar eventos, a ver como los relaciono para darles coherencia alguna?

Off the top of my head, creo que preferiré este recuento pseudoaleatorio, protocronológico y parcialmente ordenado por importancia. Bref: un mamarracho.

Lo más significativo ha sido la aparición de un artículo de mi puño y letra (o yema y tecla) que saliera en la Nación. Por alephésima vez agradezco a Laurencia por su ayuda e intervención en ello: ¡Gracias!

Universitariamente hablando, los cursos matriculados siguieron su curso esperado. Esa cacofónica construcción viene a afirmar que todo salió de acorde a las expectativas iniciales.

Después de tanto Trial’n’Error, con las Artísticas, por fin la saqué (en mi último semestre), con un diez (lo cual no es sorpresa), pero –y esto es lo más importante- fue una Artística que disfruté, para ampliar algunos horizontes literarios y tener una perspectiva refrescada de la cuentística. En especial el amor por la lectura que fue diluido entre innecesarios tomos técnicos que aun aterrorizan mis libreros, se recuperó.

El Ruso Infrabásico I fue una experiencia interesante, idiomáticamente el mayor logro sea tal vez haber adquirido una fluidez a la hora de descifrar pictogramas en cirílico; sin embargo el valor ganado no es considerable. Por cuenta propia tal vez pueda decir un par de frases sueltas, pero jamás sostener ni la más mínima conversación (aunque si me creo capacitado para preguntar si Boris es estudiante, o si a Anna le gusta la música). Sí ha picado más mi interés y es una lástima que no haya en este país forma alguna de aprenderlo.

No sé si lo habré dicho en otro lado, o en otra compañía, pero con una voz Darthvaderesca tengo que decir que el “Circle is now complete”. Paradigmas fue un curso genial; no quiero irme en loas innecesarias y verborraicas sino dictaminar que es uno de los cursos que de verdad amplian los horizontes del informático, que intrigan, que motivan, que ponen a imaginar, a aplicar el ingenio. Tener a Yadira en el último semestre es el cierre de oro de una carrera, cuya Introducción también estuvo a su cargo.

Las electivas merecen un denigratorio párrafo compartido, por el simple hecho de que me disgustaron, aburrieron, martirizaron. No soy San Sebastián, para sonreír cuando me traspasan las saetas de la obstinación, del desenfado. Arquitectura de Software brilló por mi ausencia, es un curso para ir solo a los exámenes, las clases son una secuencia infinitas de pepetés, de tecnologías y métodos sosos (como Aplicaciones Web, masomenos, fácil e inútil). Administración, Formulación e Irresponsabilidad de Proyectos es posiblemente el curso más desesperante que haya llevado, cuyo único objetivo –general, como específico- es la generación de literatura secundaria monumental. Páginas y páginas de cíclicas repeticiones; harían mejor estar enrolladas, doblehojas, y tal vez perfumadas.

En un minipárrafo comme un homage, la única electiva que ha valido la pena ha sido Administración de Redes en Linux con Pablo Gaínza. (Aunque un curso añejo llevado en el 2007, fue la mejor de las cinco electivas cursadas).

El TCU es el único que aun está en proceso, cocinándose como un pollo en un asador. Con la piel aun blanca, gira hipnóticamente, inertemente, esperando que el fuego haga su trabajo. Con el banquete (el de graduación) a punto de servirse, lo más sano (pero no tan apetitoso) será agarrar al pollo, rellenarlo y zamparlo al microondas, ponerlo en high, y en 20 días. El sensual calor de las brasas mutará en el bombardeo microscópico, los giros sobre su propio eje cambiarán por una vertiginosa rotación que lo irradiará de forma desigual; no importa que la carne no quede suave, ni tierna, sino que sea comestible (aunque se chamusque un poco y huela sospechosamente).

Por momento la letra de una canción de Kansas se convierte en el leitmotiv de este TCU… “Carry on my wayward son, there’ll be peace when you are done…”

Last, but not least, hay otra miríada de eventos no menos importantes con sus particulares confluencias, influencias y reflujos, pero estos quedarán para otro día.

Al final, ninguna gota ha caído del cielo aquí. La lluvia se limitó a aparecer en la pantalla de televisor, el hipócrita cablemódem parpadea con indiferencia y resignación. Yo espero el momento aleatorio (¿distribución normal?) en el que Un Solo Mundo, Un Solo Cable se recupere de su “Falla General en el Sector sin Estimación de Tiempo”, para poder postear esto.

Tal vez los electrones, como los buenos vinos, sean mejores añejados. Así que este reposará su tiempito más en mi disco duro, antes de que dé un paseo por Internet.

Veinte Alitas

Sinfonía Paradigmática