Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Vértigo Verde

El ser humano es un animal beligerante por naturaleza. Siempre hay una guerra que pelear, una lucha que bregar: algunas, las más comunes, las que llaman la atención de historiadores, historiógrafos e historiómanos, son las políticas. El rey A le declara la guerra al rey B, o a la república C, la dictadura D. Se pelean por tierra, por venganza, por conquista o liberación, son como las excusas de una tarea perdida, trilladas y aburridas. Luego luchas contra las circunstancias, contra la miseria, la injusticia; revoluciones y contrarrevoluciones, revoluciones de arriba, intelectuales, proletarios, militares. Toda una retahíla de facciones que se alternan los roles a interpretar. Son internas, son reordenamientos. Un cíclico caos momentáneo del cual nace un nuevo orden.

Finalmente ahora son las guerras por causas específicas, no al alfabetismo, no al alcoholismo, no fume, no a la anorexia, recordemos holocaustos, no olvidemos tal masacre, menos tal otra, salvemos a los pandas, a los gorilas, a los tigres, combatamos el dengue, luchemos por el si, por el no, por el masomenos.

La guerra que está de moda quiere ser global y quiere ser total. Y fracasa con todo éxito. El perspicaz lector habrá relacionado ya el título con el tema e intuirá infaliblemente que el tema del día (traído por la Asociación Proayuda al Julián Vagabundo) tiene que ver algo por la euforia actual sobre la moda verde, la fascinación por híbridos, plantar árboles, productos orgánicos y todo eso.

De la noche a la mañana (o del 99 al 08) el mundo entero se interesó por el tema; carbono-neutralidad, kyoto, niveles de emisiones eran temas a la orden del día. Desde el New York Times, hasta La Nación, pasando por los guiones hollywoodescos. El Cambio Climático ha sido el tema de la década.

Fácilmente se distinguen dos bandos que se dividen entre los ambientalistas y todos los demás  (robándole el catchphrase a Pipasa). La distinción no acaba ahí, todo tipo de banderas se izan, como un Waterloo donde entre las dos partes claramente distinguidas se pueden descubrir otros grupos menores. Mercenarios, conscriptos, voluntarios, patriotas, fanáticos, estrategas, ineptos, energúmenos, toda la paleta de personalidades imaginables.

Están aquellos que abogan por un retroceso radical al siglo XVI, a lo estrictamente artesanal, a olvidarse de la industria y de la máquina; también están los tecnófilos que confían una milagrosa máquina que de pronto tape el agujero en la capa de ozono, genere energía y mime a los pandas. Podemos descubrir también a aquellos que siguen ciegamente las campañas y apagan bombillos y compran cuadernos de papel reciclado, pero más por costumbre, marketing e inercia. Cruces entre hippies y yupies, ecologistas y ecolocos, ecoturistas y megadesarrolladores, plañideras y cínicos. Hay tanto cruce como choque de opuestos.

Desde el patio trasero de mi casa veo un amplio potrero verde, me cuesta trabajo creer en el acabose ambiental total inmediato. El agua es abundante, la vegetación es agresiva (que lo digan las plantas que tratan de invadir la interamericana). Creo que soy principalmente uno de esos cínicos (no creo en las granjas orgánicas, ni en los biocombustibles, tampoco en la totalidad de la onda alternativa), por otro lado sí creo en que se puede vivir bien y ayudar al ambiente. Ser parte de algún cambio celular que termine invadiendo el organismo entero.

Justamente le huyo al vértigo verde, al torbellino de modas que se buscan imponer como la gran salvación del mundo. No hay soluciones de continuidad, los pasos importantes de la historia han sido siempre los pasos pequeños, tranquilos pero firmes. Los que se hacen cuando se ve hacia donde se camina, no los que quieren llegar antes a la meta. Otra cosa (y ya que le estoy robando catchphrases a Manuel Arce) es que esto tiene que ser coarticulado. Ninguna solución al ambiente será independiente, ni aislada, la preocupación por el ambiente tiene que ser de todo el organismo.

La condición mundial de la crisis energética, de cambio climático y todo esto no se debe ver como una guerra, porque sin duda la perderemos. Es imposible volver al estado anterior, luchar contra el cambio significará verse derrotado por la historia. La situación actual ha sido históricamente inevitable dadas decisiones anteriores. Retornar las emisiones de CO2 a los niveles de 1990, 1950, o 3000 A.C., en un mundo donde las naciones más populosas están en plena ola industrializadora parece miope (por no decir imbécil).

Antídotos para toda esta crisis los hay, pero duran su buen rato, posiblemente una o dos generaciones, lo que tarden en permear nuevos incentivos que manipulen sutilmente a la población que nos den forma, que nos ayuden a asimilar nuestra nueva condición. (Hay que admitirlo, nadie va a hacer caso si se le exige un sacrificio de comodidad -lo harán unos locos, no la mayoría, simplemente porque no es viable-). De la mano con la tecnología y con una nueva disposición hacia los estilos y las circunstancias venideras toda esta crisis se va a solucionar eventualmente, o más bien nos adaptaremos a ella, es la historia de nuestra especie.

Pequeña Fuga Expedicionaria en el Periódico

Shattered Glass