Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Caras en el Bus

Una pinacoteca móvil, una galería de arte, colección de retratos, ómnibus urbano, todos son lo mismo. Tal vez no sean las obras de Da Vinci, Dali, o Picasso las que estén ahí expuestas, pero sí su esencia.

Sí, la misma esencia que le da vida y sentimiento a los mejores Rubens, Velázquez o Botticelli está presente en un lienzo de carne y hueso, de piel y cartílago.

Hay un trazo de Dürer en algún camanance, un poco de la desesperación psicoactiva postimpresionista de Van Gogh en un ceño fruncido, una ausencia Magrittesca en una cara plana y por llamarlo de alguna forma, translúcida.

La galería nuestra, residente en el interior del leviatán carburante es dinámica, está viva. No perdura la sonrisa de Mona Lisa, ni la desesperación de Edvard Munch, una llamada, un mensaje de texto imprimen de forma instantánea otra expresión en cada persona.

Mutatis Mutandis, se rebarajan emociones, se esbozan reacciones absorbidos en sus propios mundos no se dan cuenta del cambio impreso en sus expresiones, observados, sin ser vistos, por los demás. Confusiones de ojos cubistas, un Miró deforme y voyeur, que observa la psicodelia de Warhol, o allá, en el fondo, las escenas de decadencia infernal de El Bosco. 

Conforme el viaje se acaba desaparecen las caras, desvaneciendo en la lluvia de la ciudad, salir del museo, de la burbuja de metal y vidrio donde fueron observadas. Huyen por las puertas, acompañado por el suspiro hidráulico inevitable.

También yo tuve que pasar por las puertas, ¿serán las de William Blake?, barreras entre el mundo real de lluvia y prisas y pasos, y el mundo interno de observación, de curiosidad y abstracción. Por un instante también vi mi expresión atrapada y enmarcada por caucho en el vidrio de la puerta. Al bajarme, sonreí.

Villains

Requiem for the American Era