Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Hugo Boos

Tenía razón Javier cuando afirmaba que en San José es imposible aburrirse, que siempre hay un suceso insólito, una visión inesperada, o quien sabe qué (justamente eso es lo encantador de esa ciudad). Hoy (queriendo decir ayer) se trató de un producto inesperado, otro tan extraordinariamente irrisorio que es imposible no estallar en risa. No se trata sólamente de la variedad que ofrecen las tiendas de San José (unas combinan artículos de celulares con lencería, otras artesanías típicas con un desfile de electrodomésticos Made in China), no, se trata de los mismos productos. No solo verlos por encima, sino apreciar esas obras de arte de la industria de la imitación.

Resulta tan descarado ver la botella de colonia Hugo Boos. Tan inocente en un estante, ignorando o sin prestar atención al hecho de que es una imitación. Un lobo en piel de oveja. ¿Habrá alguna persona que ingenuamente haya creído que esta colonia era legítima? ¿Habrá creído también que las Tenis Nike Clasic (sic) también eran originales?

¿O se trata más bien de un autoengaño voluntario? De encogerse de hombros y adquirir la copia, la imitación -que no dudo que el mayor empeño se va en tratar de perfeccionar la copia, y no en mejorar el producto-.

(No se trata de que aquí esté defiendo las marcas, ciertamente por más reputación que tenga un producto igual puede quedar corto y ofrecer algo malo. La ropa no va a ser buena solo por ser ____ o -------. Más claro aún, aunque iPod sea un iPod (TM) y sea de Apple, sigue siendo una mierda de reproductor tan desechable como sus imitaciones).

A veces ni siquiera se trata de una imitación, simplemente de ver el artículo en cuestión, ver su dudosa calidad, su fragilidad. (Sí, Javier, esa rasuradora eléctrica de 3,500 no iba a durar más de 5 minutos sin entrar en un estado de combustión espontánea).

De no ser porque el chino de turno (inevitablemente esas tiendas están dirigidas, administradas, controladas por chinos) y por la incesante vigilia del Gato de la Buena Suerte habría decidido tomar fotos, ilustrar todo este catálogo de simulacros, de metáforas comerciales; pero otro día será. Otro día de expediciones josefinas.

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