Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Lluvia

Lluvia. Lluvia. Lluvia. Palabra como imagen. Lluvia. Lluvia. Lluvia. Monotonía exagerada. Lluvia. Lluvia. Lluvia. Cambia el ritmo. Lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia. Abrir y cerrar de paraguas. Lluvia, lluvia, lluvia. Lluvia -intercalación inevitable de fulgor- lluvia lluvia lluvia (el cielo se parte, la ruptura retumba en todas direcciones) lluvia lluvia lluvia.

La lluvia la veo por mi ventana, el sol deprovisto de su disco, oculto por los altocúmulos, su luz se ha opacado y le roba vivacidad al mundo. Un día nublado es como un crepúsculo sempiterno, el sol no sale ni se oculta, se asume perdido en un velo gris.

Un velo gris tejido por un encaje incesante de gotas de lluvia, gravedad y condensación, fuerza y atracción. El bombardeo comienza tenue, jueguetón. Una gota aquí, otra allá, marcando los pasos que hay que dar. Luego el ritmo aumenta. De nuevo el relámpago y el trueno, la violencia de Zeus y de Thor.

Lluvia violenta, Lluvia tortuosa, lluvia asesina, orientales crueles, que siglos atrás imitaron la lluvia para matar. Mi mente busca huir de  la "gota china", no quiero sentir la incesante caída de una gota sobre mi frente, gota única que es capaz de empujar por la cornisa, precipitarme al abismo de la locura, no poder dormir, sentir la gota sobre la frente, no poder extender la lengua, tomar el agua, solo sentirla caer, el intervalo no es fijo, no puedo contar los segundos hasta que vuelva a caer, no siento control, no puedo predecir, y luego, la gota, otra vez, y así hasta desembocar en el delirio, sentir la llega abierta lentamente en mi piel. La dermis erosionada gota a gota, un ritmo maldito, tantos otros han muerto así, asesinados por una gota.

Pienso, una gota ha hecho eso, empujado a hombre a la demencia y a la muerte, luego ¿los centenares de gotas simultáneas harán lo mismo por mí? Como un sudor falso siento las gotas que bajan por mi cara, por mi cuerpo. Sólo hay un instinto, fuga, fuga, fuga. Paraguas y capas, botas de hule y ponchos, placebos todos, no hay como escapar a la lluvia.

Cuando llueve el mundo muere, los verdes jardines se ven tristes y marchitos, las formas y colores de una ciudad se ven como vejestorios, descontextualizados, los monumentos de héroes y próceres parecen cabizbajos en la tormenta.

No puedo evitar pensarlo: el mundo se construye para los días alegres y soleados. ¿Algún arquitecto presenta sus maquetas y diseños en paisajes de lluvia? ¿Algún diseñador de ropa busca los colores que embellezcan la lluvia?

La lluvia es el enemigo, la lluvia es siempre gris, hasta la muerte se viste de colores en ciertas ocasiones, la lluvia no. La lluvia queda resignada a ser una situación adversa, agua que cae, que nos martilla el tejado, que luego escurre por mugrosas cañerías, que luego se pierde entre nuestros desechos por alcantarillas.

Quise tal vez intentar escribir una apología de la lluvia, pero está más allá de mis habilidades, incluso de mi comprensión: sé que mientras más pienso en la lluvia, menos sé de ella. Se rige por ciclos entrópicos, por presión atmosférica y por puentes de hidrógeno en moléculas acuosas, pero también tiene algo de caos, de azar, de impredecibilidad. Como un ligero balance de metereología y divinidad.

Demasiadas horas he pasado viendo llover, oyendo llover, como para querer liberar a la lluvia de su gris manto, sospecho que la lluvia disfruta de su existencia, saberse cínica, pero también dadivosa, saber que te arrulla y que te enferma, que le da vida a las cosechas, y que puede arrasar con casas. Imagino, que en el Inicio, el Caos fue Lluvia.

Rites of Passage

Idolatría Latinoamericana