Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Aroma Night Express

Por el precio y el tipo de asiento yo sabía que el viaje en Tren Nocturno sería una de esas experiencias. Situaciones incómodas, insoportables y detestables de las que uno se arrepentiría mientras las vive y que al tiempo las contaría entre carcajadas. Creo que aun no me río de ellas (y por lo visto Jose tampoco), contaré ambas experiencias de forma paralela, pues en realidad han sido la misma, repetida y variada ligeramente en días diferentes.

Con la ayuda invaluable de Anna obtuvimos nuestros tiquetes de tren, con ayuda de ella y un par de indicaciones adicionales del rusamente simpático personal de la Estación Kurskiy llegamos al andén correcto para viajar a San Petersburgo desde Moscú, de forma análoga, pero con la ayuda de la muchacha del Hostel Nevsky supimos llegar a la estación Moskovskiy donde también encontraríamos el andén correcto.

En cada andén, para cada viaje, abordamos nuestro respectivo vagón y buscamos nuestras literas.

Antes de todo una descripción de la Tercera Clase de un Tren Nocturno Ruso. Sería falaz llamarlo un espacio abierto, pero también sería si lo llamáramos un espacio compartimentado. Un pasillo -como es común- atraviesa el vagón de extremo a extremo y divide de forma no simétrica las literas.

De un lado queda aparentemente un sector con dos bancas largas (donde se pueden sentar unas dos personas en cada banca comodamente) y una mesita en el centro de ambas, y sobre ellas, plegadas o no, dos literas elevadas, las dos bancas se pueden levantar y utilizar para guardar bajo ella el equipaje (y sobre decir que estas bancas también serán literas cuando llegue la hora de dormir). Este patrón de dos bancas y mesita se repite por todo el vagón.

Del otro lado, hay un par de asientos con una mesita entre ellos, como una versión más corta de la que hay del otro lado del pasillo. La mesita se desarma y se da vuelta para completar el espacio entre las dos 'sillas' y servir de plataforma de cama.

Los empleados del tren reparten empaques plásticos que contienen dos sábanas, una funda de almohada y un pañito para lavarse la cara (como si me fuera a acercar al baño de ese tren).

Uno tiene su propia cama, lo cual es una incomodidad en la litera superior. En especial ponerle la sábana a la nasty colcha que le dan a uno, además de la almohada de plumas que huele a usado.

Pero lo peor de la experiencia es que el tren va calientisimo. La calefacción la tienen elevada lo más posible que deja de ser una temperatura comoda y borda en lo sofocante, más porque la mayoría de la gente anda abundantes abrigos para protegerse del frío que normalemente hace.

Lo peor es que en ese vagón podrían ir como unas cuarenta personas, con calor que comienzan a sudar.

A sudar

A sudar

A SUDAR COMO UN PAVO LA NOCHE DE NAVIDAD.

El aroma es insoportable. Toda la noche, como tener una cebolla chilosa clavándose en las narices propias. Tanto a la ida como a la vuelta fue así. Olor a sudor, punzante y terrible. Nunca más. Nunca más.

La Breve Noche de los Agentes Secretos

San Petersburgo