Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Brakeless Airplanes and Dark Subways in a clouded city

Por largos momentos en la cabina del pequeño A319 de Germanwings reinó una cierta mezcla de decepción, enojo, frustración que se mezclaban como matices del más grueso aroma del miedo. El piloto recién había anunciado que el tercer intento por reparar el daño a uno de los sistemas de frenado había fallado y que lo iban a deactivar por completo. También invitó a quien quisiera bajarse a hacerlo, por si temían llegar tarde a Moscú. Muchos otros interpretaron la invitación por si temieran por su vida. Unos diez lo hicieron.

Entre las llamadas reaseguradoras de Javier y Verena, (la de Javier fue toda una disertación de seguridad aeronáutica) y una breve conversación con el Piloto (que nos aseguró a una señora y a mí, que él no era ningún suicida) me convencieron de quedarme ahí.

Trate de no pensar en ello el resto del viaje, e incluso pude dormir una buena parte de las dos horas, y en los escasos momentos de vigilia vi con asombro y temor la casi infinita alfombra de nubes que se veía desde los once mil metros de altura.

Antes del aterrizaje (que adelantaré que fue seguro e indoloro, aunque largo; si no no estaría aquí para contarlo) el avión cortó entre la capa de nubes que parecía toda una muralla de algodon. Por sobre ella aun se veía el sol, ya debajo de las nubes se encontraba Moscú sumergida en la noche.

El Aeropuerto de Vnukovo, es bonito. Nuevo, pero pequeño. La gente es tan fría como la decoracíon y el concreto y metal que lo componen.

Prestidigitamos Rublos de un Bankomat, y nos fuimos a agarrar un tren subterraneo hacia el Centro de Moscú. Lo cuál no fue difícil, pero sí tuvimos que esperar bastante (salen cada hora; había uno que salía a las 17:55 y nosotros entreamos al anden a las 17:59).

En la estación Kyievskya divagamos de un lado a otro buscando el metro que nos correspondía (viniendo de Berlín donde todo está perfectamente rotulado y hay mapitas por todo lado Moscú parece mil veces más confuso, peor por el idioma -en especial por la compra de tiquetes).

Finalmente después de un rato (y de un Jose moderamente asustado) llegamos a Arbatskya que era la estación cerca de nuestro Hostel. Hostel por demás muy bonito, bien cuidado y administrado por rusos cuyo dominio de la lengua inglesa no da para mucho; pero en general está bien decorado (no supero el hecho de que haya una Araña -el candelabro- en el dormitorio), tele de plasma de 42, internet gratis, cocina. (Lo único malo es que hay un chorro de españoles desconsiderados y groseros y solo un baño para tooooooda la gente).

Mañana iremos a dar la vuelta por Moscú a ver qué tal... Hoy la misión era sólo llegar.

La Invasion de las Matrioshkas

Out of Berlin, Into the Cold