Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Entre San José y Berlín

Estamos en un IC (cuyo número no logro acordarme) recién salidos de la estación principal de Frankfurt am Main. La Deutsche Bahn no me ha defraudado, y se comporta respecto a lo esperado: con pequeñas tardías capaces de sacarle canas blancas a cualquiera. (Más mortal que una tardanza de dos horas, son las tardanza de 'cinco minutos' o los imprevistos cambios de andén, pero más de eso después). El viaje en avión fue tranquilo, pero largo, las primeras dos horas iniciales entre San José y Sto. Domingo fueron normales, alegres y breves.

Pero la parada de una hora en la isla caribeña y ver como nuestro sector del avión (sentaditos ambos en la pura cola)' se poblaba resultó fatigante. 'Love Vegas'' y una exitosa comida fueron mis últimos recuerdos antes de desaparecer en el sueño (exitoso sueño, porque me ha servido para ajustarme al cambio de huso horario y combatir el jetlag). (Jose no ha logrado dormir, y las ojeras las veremos después -¿más de las normales, tal vez?).

Un desayuno matutino mientras sobrevolábamos partes del extremo occidental del continente europeo (según el piloto volábamos sobre Paris) fue el primer síntoma de que ya estábamos del otro lado del charco. Siguió luego el oscuro aterrizaje (aun no amanecía), y los rápidos trámites de migración (menos de un minuto en ventanilla, tal vez cinco haciendo fila), recoger las maletas y dedicarse a 'idling' en el aeropuerto esperando nuestro tren.

Esperar en el aeropuerto se tornó monótono, no hay mucho que comprar, ni mucho con qué comprar. Jose sufrió su primer ''shock' económico-cultural (la primera embollada en Euros) y luego solo esperamos hasta que fuera la hora.

Ahí empezaron las rarezas:

El acceso hacia la estación de Trenes estaba cerrada por la policía, con el habitual, pero germanizada, "POLICE LINE DO NO CROSS", la cual rápidamente se abrió, pero igual sirvió para empezar a estresarme.

Por ese mismo estrés, volámos por pasillos y escaleras electrónicas, con todo y el Kofferkuli (carrito de jalar maletas) hasta el anden 5 donde nos debería esperar el ICE 1597, pero en vez de eso nos decía que el tren anómalamente nos estaría esperando en el anden 2.

Inevitablemente y porque el universo me odia, el anden 2, implicaba volver a recorrer casi todo el tramo desde la Terminal, y nuevamente íbamos volando, luego dejamos el carrito botado y nos llevamos las maletas como los vikingos para precipitarnos por gradas a la antigua y no esperar las eléctricas.

En el Anden 2, tampoco nos esperaba el tren, sino un aviso de que el tren se atrasaría. (aviso que no habría estado demás, varios minutos antes en el otro andén).

Lo malo de un atraso, es que no es un evento aislado, sino que salpica y repercute en todo. Como piezas de dominó. Y nuestro plan de trenes (obligado por el 'Dauer-Spezial' que era el tiquete más barato entre Frankfurt y Berlín) se ve veía afectado por los atrasos.

En vez de tener tranquilos minutos para hacer el trasbordo en la estación central de Frankfurt, tuvimos que salir volando -ya todo un hábito, aunque reconozco que yo soy medio exagerado-.

Para mi sorpresa y confusión, lo que en mi plan de viajes parecía ser un ICE, había transmutado en un IC (cambio poco simpático, pero igual de funcional, espero). Peor aún, el IC ya iba bastante lleno, y al estar en 'modo pánico' por el atraso salté, seguido por Jose en el primer vagón que viera.

Ese vagón resultó ser primera clase, y significaba que con todos los maletines y bultos a cuestas había que atravesar vagón tras vagón hasta llegar a segunda clase y seguir atravesando hasta llegar a un vagón de segunda clase donde hubiera espacio.

Por fin lo encontramos, y aquí estamos, sentados y tranquilos, con un Policía de 'Thüringen' adicto a su celular, camino a Leipzig donde seguirá nuestro viaje por escalas y trasbordos hacia Berlín y el encuentro con Verena a las 16:00 frente al McDo de la Estación de Berlín.

Cuatro horas después:

Ahora estamos en otro tren. Un ICE que acaba de salir de la estación de Leipzig. Es necesario aclarar que el tren en que íbamos antes llegó tarde a su destino y que perdimos nuestra conexión ideal y debimos esperar en la estación de Leipzig (que sirvió para que Jose se percatara que en efecto estaba en el primer mundo) por una hora.

No fue tan molesto esperar, fuimos a conseguir SIMs para el celular (que por el momento no están sirviendo, pero no sabemos si por obra de inhibidores de señal en el tren o porque somos unos mamadores, prefiero creer lo primero, aunque estoy convencido de lo segundo).

El nutritivo y  barato almuerzo constó de una Thüringer Bratwurst y una Coca Cola que aun no  terminamos de tomar.

En una hora, o por ahí llegaremos a Berlín, al fin, con lo que ha costado.

Out of Berlin, Into the Cold

En la Sala de Abordaje