Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Where Were We?

Revisando el blog me di cuenta que el último post del blog moderamente cohesivo y significativo fue el de Viena (y hasta ese fue publicado en diferido)! . Dadas las leyes de la relatividad viajera, eso parece haber sido hace siglos ya. El otoño bohemio es una memoria que ya se perdió entre la parafernalia Austrohúngara, o las ruinosa monumentalidad Romana, la nostalgia Renacentista de Florencia y la indigencia de Paris Orly.

Cada ciudad guarda una historia que se compone de toda una antología de viajeros costarricenses desgastados por el hambre, el cansancio y el frío. Todas ellas meritorias de un espacio en este sacrosanto blog, pero entre el tiempo y el cansancio creo que habrá que hacer lo que siempre se hace en estas circunstancia; recortar y resumir, de ahí: Where were we?

Und alles rief: Come and Rock Me Amadeus.

Viena, es toda una ciudad cosmopolita, capital de un país de Europa Occidental, antigua capital de un Imperio de los Poderes Centrales, con una riqueza cultural increíble, llena de Castillos y Museos, con una oportunidad de hacer algo espiritualmente enriquecedor cada noche. Naturalmente no hicimos nada de eso. Sacamos los snapshots mínimos necesarios, hicimos el Daytrip a Bratislava que es como una ciudad de Polly Pocket Medieval, todo es pequeño y cerca, y no Europeo, sino queriendo serlo. Noches en el Wombar (el sagaz nombre del bar del Wombat Hostel) -un hostel con bar es un éxito-. Noches de Lavandería. (además de que Viena muere en la noche).

La Citta Eterna.

Narraría algo del vuelo entre Viena y Roma, sobre levantarse temprano, agarrar el bus, encontrar a las roommates rusas en el aeropuerto vienés, abordar el avión de Niki (sí así se llama la aerolinea), disfrutar el mejor servicio entre los cheapflights que agarramos, llegar a Fiumicino, decepcionarnos de que el hostel que queríamos lo llenaron unos españoles (imagínense aquí una perorata y letanía de insultos que podríamos haber dicho Jose y yo) cinco minutos antes de nuestra llegada, o encontrar otro hostel, menos bueno, que no habría de tener agua por varios días. Pero todo eso carece de importancia, es logística en una ciudad que te exige poner atención en otras cosas.

Roma te obliga a caminar, a utilizar el escaso metro para ir a una parada del Centro. (Termini-Barberini-Spagna-Flaminio...  sí Jose bajémonos a´quí, sí el metro de Roma es una mierda). Ir a dar a la Piazza del Popolo, empezar a tomar fotos en Piazzas, y ver sus fuentes. De ahí empezar a deambular entre los escenarios romanos, que parecen sacados de alguna película de los 50s (tristemente la Dolce Vita ya no es una realidad), Piazza Spagna, y la Via dei Condotti, donde ojeamos los precios humilditos de las pobres tienditas tradicionales de por ahí 'Dolce & Gabbana', Chanel, Armani y esos otros chinchorros. Luego a la Fontana de Trevi (pero primero Jose se compró un refresco que parecía mierda, y sabía peor), luego a la Piazza Navona, y después de vuelta al hostel, por la Piazza Venezia, la Via Nazionale y la Piazza della Republica. (Astorga's Walking Tours! Available anywhere in the world. Call now!)

Al día siguiente el Vaticano, San Pietro y los Museos, tumbas de Papas y joyas artísticas de Rafaello Sanzio y Michelangelo Buonarrotti. Subir 551 escalones para tener una privilegiada vista de Roma. (Jose bendiciendo cosas en las fuentes del Vaticano), luego deambular por ahí. Ir a Trastevere y volver temprano, porque las piernas ya no daban más.

Finalmente el Coloseo, el Palatino y el Foro, sentir de verdad la monumentalidad de Roma, dejarse humillar por la ridicula monstruosidad de sus ruinas, darse cuenta de que edificios de dos mil años de antiguedad están ahí, esperando hablar y contar sus historias, no por medio de la voz acartonada de un guía turístico sino por medio del paisaje que dibuja, la cartografía de su arquitectura. Vagar entre las ruinas de la Casa de Augusto o los concéntricos corredores del Coloseo.

Con ese sabor de boca, nos fuimos al hostel, y al día siguiente a Florencia.

David Censurado.

Florencia. Capital del Renacimiento. Todo en ella es arte, se siente en su geografía, las pinceladas de Sanzio, las estelas dejadas tras de sí por genios como Buonarrotti, Da Vinci o Galileo. Ver los monumentos arquitectónicos o las docenas de estatuas, impresionarse por el marmol derrochado (porque es la única palabra adecuada para describir el excesivo uso de ese material) en la Catedral de Santa Maria del Fiore. Luego llegar a la Piazza della Signoria y ver con decepcion que a David lo censuraron, lo enjaularon en una andamio, recubierto de plástico blanco donde lo están restaurando. ´Luego de ver como un gringo embarcaba a Jose a hacerle preguntas indecorosas a las italianas, el día siguiente nos juntamos con una tribu brasilera para terminar de ver la Ciudad (Astorga's Multilingual Walking Tours!. Call now!)

El día largo de la Indigencia.

Día siguiente: el día largo de nuestro viajes, pues duraría al menos 36 horas. Se trataría de ir a Pisa durante el día, ver la Torre, que es lo único que vale la pena ver, tomar la cantidad de fotos necesaria antes de que el chiste de la torre torcida pierda gracia. Comer algo por ahí -típicamente italiano- y después, ir al microaeropuerto de Pisa (tan malo que parece el Juansa), luego el pésimo y retrasado vuelo en easyCrapJet, el aterrizaje en Orly, donde pasaríamos la noche en un Aeropuerto que cierra pero no te echa (dichoso Jose que durmió, yo vi series en mi Zune, y luego oí música...). Sin embargo, no hay imagen más indigente que dos jóvenes, acostados sobre un puñado de sillones, sus maletines en el carrito de valijas, abrigados para luchar contra la deficiente calefacción. Una botella de CocaCola a media sobre el piso, y la luz eléctrica del reproductor de música en sus caras completaba la escena de indigencia postmoderna. Turismo sin recursos, viajeros cansados y débiles.

De ahí el Air France Shuttle a la Gare de Montparnasse, y por enésima vez incomodar a todo mundo en medio tren con nuestro excesivo equipaje que hay que montar en algún lado. En medio de miradas francesas habríamos de caer fulminados por el sueño por breves momentos, siempre despertando para cerciorarse de que no se ha pasado la estación en la que debemos bajarnos.

Pasa el Tren por sobre la Loire, pasan campos y pueblos por la ventana y la voz electrónica nos anuncia que nos bajamos en la próxima parada.

Poitiers

Esperar en la estación. Esperar largos minutos, una hora que se prolongaba mientras se reducían los parches negros en el mapa de la estación. En cuestión de minutos ya habíamos visto lo pequeña que era la Gare Centrale de este pueblo, que es siempre un indicio del tamaño de la ciudad.

En sí, no es una ciudad, es un pueblo universitario con una historia añeja, interesante tal vez bajo otras circunstancias, para nosotros, es simplemente un friendly stop, una sonrisa y una cara que nos reciben alegremente. Aquí no habrá snapshots de obturadores hambrientos, Poitiers es otra cosa, un oasis de tiquicia, un parentesis para escapar de los Síndromes Stendhalianos.

El viaje continuará después, y terminará pronto, ojalá no lo hiciera y se pudiera perpetuar, pero bueno, no queda más que aprovechar los días por venir antes de volver a una Costa Rica, fría (por el clima, que tal vez se solidarice con nuestro frío), pero cálida por la bienvenida que esperamos recibir. (hint hint!)

Adieu à Paris

Quick News