Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Bye Bye Bruselas

Los signos ya estaban claros; por la ventana del tren se ven grandes extensiones de árboles que parecen flotar sobre una niebla baja, el Thalys cruza sobre un puente de exagerada longitud que me hace dudar si el cuerpo de agua era un río o una entrada del mar y finalmente el mismo celular de Jose vibra con la redentora notificación de un nuevo mensaje que confirma que hemos entrado y a territorio neerlandés.

Al fin estábamos a salvo de los últimos rezagos belgas, país ingrato, con una capital imberbe; descriptible tal vez de una sola forma: innecesaria.

Podrán acusarme algunos de un cierto recelo y una cierta dureza hacia Bruselas, por lo que expondré mi caso en detalle. Para iniciar no más una pregunta parcialmente retórica: ¿qué sabe la gente sobre Bruselas? ¿o Bélgica? ¿qué hay importante ahí?

Parafraseando a los extraños programas radiales costarricenses sigo con la habitual frase: "Escuchemos la respuesta".

Bruselas es la capital de Bélgica, sede del Parlamento Europeo y... y... ¿Y? Bueno, tal vez no tenga mucho que ofrecer en cuanto a importancia geopolítica, pero el softpower de gastronomía, ¿algún aporte debería haber de ahí, verdad? Los belgas y Bruselas en particular son famosos por... chocolates (bien), cerveza rubia (muy bien), wafles (mmm not bad!) y papas fritas (wow, no está mal, pero es como... ordinario) y naturalmente las coles de Bruselas.

Algo es algo, ¿pero valdrán buenos chocolates, wafles y cerveza la pena para pasar el día en la ciudad? Creo que no, independientemente que fuera domingo (maléfico día en que Europa descansa) no había mucho ocurriendo en la ciudad. El centro histórico se compone de unas cinco cuadras, llenas de chocolaterías (¡LEONIDAS!), tiendas de souvenires que son un robo a mano armada y un triste y pequeño mercado navideño. (Para citar a Jose: "Bratislava estaba más cool que este hueco" -bueno tal vez la cita no sea literal, pero el odio y la intención se mantienen-).

Claro, está el Atomium. Un edificio que por fuera parece un átomo, todo un chuzo, digno exponente de la arquitectura que se desarrolla para impresionar durante las Exposiciones Mundiales. (La Torre Eiffel y el Crystal Palace también se construyeron para esas ocasiones). Pero el Atomium por dentro es una de las mayores 'Tourist Traps' que yo haya visto. No hay nada. Una exhibición de media docena de carteles (exagero, tal vez eran 8 o 10) y teles, un café, un restaurante y una tienda de souvenires que ni pretende disimular la embollada de sus precios.

De repente tuvimos cierto tiempo entre manos que fuimos a gastar comprando cantidades obscenas de chocolates (la birra habría sido después), vimos de nuevo la Plaza Central (que a las 11 am había sido completamente decepcionante, ahora solo era medianamente decepcionante y atiborrada de gente).

Queríamos ir, de verdad queríamos ir a un café que ofrecía una variedad excesiva de cerveza; pero decidimos ir primero al hotel a dejar nuestra carga preciosa (los chocolates) listos y guardados; pero una vez ahí nos dio pereza volver al centro de la horrible ciudad. (Nuestro hotel estaba como en medio del barrio de inmigrantes, a 15 minutos a pie hasta el centro -y con ese hijueputa frío-, y el transporte público de Bruselas no es ni puntual, ni frecuente, ni eficaz -las rutas son un dolor de picha-).

Dormir, guardar Euros para otra ciudad, parecía ser el único destino satisfactorio para todos. (De nuevo en palabras de Jose: "Deberían quemar esta ciudad, salvar los Leonidas y quemar la ciudad"). Como decía Wikitravel, la gente viene aquí como un afterthought, mejor ir a Brujas, Amberes, o Leuven, o pasar un día más en Paris o en Amsterdam. Pero bueno, el daño ya se hizo.

Ahora estamos en el Thalys, el tren acaba de dejar atrás Rotterdam Centraal, así como dejó muy atrás las fronteras de la aburrida Bélgica, queda Amsterdam, última parada, última ciudad antes de iniciar el camino del retorno que comienza el miércoles en Frankfurt y terminará el jueves en el Juan Santamaría. Difícil de creer, pero el viaje casi termina.

Del Principio y Final de un Viaje

Adieu à Paris