Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Cortina Pétrea a Teatro Onírico

La mayoría de las veces que escribo aquí me dedico a buscar un título. Desde mis tiempos de colegial siempre he preferido tener un título antes de comenzar a escribir, en parte porque he querido siempre tener una guía según la cual comenzar a divagar. Un título es un ancla que te mantiene centrado, claro que se puede elevar si es necesario, si los vientos de la inspiración soplan a nuevos rumbos, pero lo mejor es explorar la bahía donde se ha varado el barco.

Varado estoy pues, en tierra firme (firme tal vez sea una exageración, al fin y al cabo estoy en un enorme pantano camuflado). La mente incansable cavila, da vueltas, repite palabras, repite escenas, cavila, cavila, altera la realidad en la que se mueve (cambian los colores del día cuando cambia la mente), se aburre, pues el entorno es aburrido, poco apelativo.

Ah sí, estoy en Orlando, Florida (por favor con el acento en la penúltima sílaba, se trata de una palabra en español, la pobre lengua pisoteada por los locales). Estoy cerca de un lugar que promete transformar sueños en realidad (me da miedo utilizar la cita exacta, podría sufrir una demanda de derechos de autor), estoy cerca de otro que me ofrece aventuras siniguales, o sumergirme en las más emocionantes reinterpretaciones de cinematografías de accion. Y reconozco que por un rato es divertido, ver el Kwik-E-Mart, ver Cyberdyne Systems, meterse en simuladores y Waterrides, dejarse llevar por la cuidadosa decoración que busca hacer creer que Jurassic Park es real. Al final del día, con las últimas luces, la realidad siempre se hace manifiesta. Los teatros de sueños cierran con cortinas de piedra. (Que bonita frase se me ocurrió, tal vez la use de título; pero primero mejor seguir comentando el lugar).

Orlando, Orlando, ¿qué decir?, la mayoría de mis lectores -sospecho- han estado aquí. Creo ser de los pocos o de los más tardíos en conocer este mundo, un mundo que al menos para mí es enriquecedor descubrir, aunque sea  para poder entender y argumentar con razón, para sostener que no es un lugar al que preferiría volver si tengo oportunidad de elegir.

Por robar otra frase de película, me siento como Frodo ante Gollum, después de todo, después de ver el lugar ante mí, sí les siento lástima. No, con ninguna condescendecia, ni esa piedad y lástima falsa que propinan los dioses antiguos, sino simplemente con esa mueca cínica que se da cuenta que la riqueza verdadera escasea aquí.

No sé si será que yo no estoy hecho para este lugar, o si este lugar no está hecho para mí. Si ambos o si ninguna.

Me da risa/tristeza/decepción ver a los grupos de sexagenarios recorriendo los parques con el mismo entusiasmo que los niños. ¿Por qué? Porque para mucho de ellos el mundo simplemente se reduce al reflejo estereotipado que existe aquí, que es divertido, pero no deja ser irreal. Irreal, el gran pecado de este país; la gran imagen que han creado y luego se resquebraja, y ya eso ha comenzado. Me dice mi hermana que el lugar parece vacío, tanto los parques como los Mall. La economía, la crisis de nuevo funge como pétrea cortina que cayó con una violencia imposible de disimular.

Me da risa/desesperación ver a los grupos de latinos que deambulan por aquí con una profunda admiración por la parafernalia mecánica. Por no darse cuenta de que en el fondo esto es un enorme mecanismo con mantenimiento dedicado, hay tecnología excepcional, pero tampoco es para tanto.

(Paréntesis anti-Patriot-Act: Me da ira ver cómo en la entrada de cada parque me roban la huella digital, con qué fin, maldita paranoia, maldita autocracia militar camulfada, es un parque de diversiones no una base militar).

Creo que ya he liberado la mayoría de mi decepción, de mi frustración de estar aquí (aun podría despotricar sobre los Mall, sobre el consumismo o sobre las extrañas ideas de la moda que tienen los gringos, pero eso lo dejo para después), pero pronto cruzo el charco (sí de nuevo, jeje), y a pesar del frío confío en que estará mejor. Tal vez yo también ahí logre deshacerme de los teatros de sueños y cortinas de piedra.

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