Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Tengo un recuerdo en particular de las clases de Infosoc. (Sí, ya sé, ya presiento el bostezo mental de mis colegas computines y excompañeros de ese curso, otra vez Julián imitando a 'Mico Malo', otra vez sacando a Manuel del sombrero). Entre tantos datos curiosos, reinspecciones de hechos históricos dados por cierto, o incluso de tendencias humanas, me marcó para siempre la crítica camuflada que hizo Manuel a las Olimpiadas. Descubrir entre cientos de atletas al más rápido en tierra o en agua, al mejor ciclista o al mejor levantador de pesas no eran más que un autoengaño, pues en la abundante fauna de este planeta no son escasos los animales que puedan superar considerablemente los récords olímpicos y mundiales del pobre sapiens sapiens. Lo que sí reconoció Manuel, fue la gran destreza del mono catarrino bípedo para cuestiones que requirieran coordinación, buena vista, equilibrio. En pocas palabras nuestra mejor carta serían la gimnasía y su aspecto más artístico, el circo.

Vengo de ver al Cirque du Soleil. La palabra espectáculo queda corto para describir el despliegue de acróbatas y artistas, actores y payasos que hipnotizan a la audencia por casi dos horas. Bueno, hipnotizan a casi toda la audiencia. Nunca he sido gran admirador del arte circense y definitivamente no voy a morir si no tengo otra chance de ver este show; sin embargo debo admitir estar impresionado por lo amplio de este espectáculo que abarca casi todas las ramas del quehacer humano.

Sí, mi mente divagante encontró entretenimiento particular no solamente en ver los movimientos artísticos que se desarrollaban en el escenario, sino en disecar todo lo que confluía para poder llevarlo a cabo. Las Bellas Artes estaban todas así en formas claramente modernas o posmodernas, pero presentes. Al igual que la Ingeniería con los sofisticados aparatos y estructuras, las bicicletas del show evocan no solo los malabares acrobáticos sino los deportes, los patrones de danzantes no son solo una coreografía sino algunos conllevan una construcción matemática, la elección de vestuarios y número de intérpretes implican una construcción simbólica, donde la danza y el espectáculo son un lenguaje por si mismo.Por ese idioma conversan la audiencia con los protagonistas, se hablan por aplausos o sorpresas, por números más atrevidos seguidos de intermezzi hilarantes.

Sí, el circo podría ser la más pura expresión artística del hombre, la más primitiva. (El humor de los payasos es eso en el fondo, es fácil imaginar a algún troglodita golpéandose a propósito para hacer reír, hasta la fecha es lo que más gracia hace a los niños). La destreza de acróbatas y trapecistas es deslumbrante, y producto de la disciplina, los vestuarios coloridos y las mallas de seguridad camuflan solo la simple verdad de un hombre que ha enseayado hasta el aburrimiento como caminar sobre un cable tensado, como afinar su sentido del equilibrio. Es un arte universal, que puede comenzar siempre como algo ínfimo o llegar hasta un exuberante extremo como el Circo que he visto hoy.

Lo he admirado, me ha inspirado respeto, me ha enseñado algo sobre nosotros. No me arrepiento de haber ido, aunque dudaría mucho antes de volver a ir. Es como un libro, no todos los libros conviene leerlos dos veces,  en ocasiones es solo mejor cerrarlo y dejarlo olvidado en una repisa y dejar que las pupilas y las falanges busquen nuevas praderas.

La Lógica De Los Sueños

Cortina Pétrea a Teatro Onírico