Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Cajas de Zapato

Creo conveniente aclarar que este post nace en medio de la neurosis y el aburrimiento, fuerzas improbables que apadrinan la forma más pura de la divagación. (En la Antigua Grecia esto habría ameritado que existiera una deidad de la neurosis, que se uniera con el Dios del Aburrimiento, en alguna de las tantas manera preferidas por Zeus; pero no, me da pereza divagar aun más en mitologías).

Mejor volver al tiempo nuestro, al mundo donde existen cajas de zapato. Creo que hay que empezar por una apología hacia este artefacto, a veces subestimado, ocasionalmente ignorado y mayoritariamente desechado. Su origen –ciertamente diversificado, regionalizado- no es de nuestro interés, tampoco lo es la forma en la que llega a nuestras manos. Pues ahí llega como un afterthought, es simplemente un envolotorio para el objeto de nuestro interés que habrá sido algún par de tenis, de zapatos formales, o quién sabe qué. En ese instante la caja tiene el mismo valor y utilidad que el plástico que envuelve el chocolate, o el papel aluminio en el que yace momificada una hamburguesa.

Ya en el cuarto, los zapatos son sacados de la caja, que queda atrás como una cáscara de huevo quebrada, mientras los zapatos dan sus primeros pasos, o son inspeccionados una vez más, o almacenados en alguna zapatera o closet.

Es entonces que llega la hora definitoria para la caja de zapatos. Algunas no vivirán más, serán arrugadas, destruidas y depositadas en un basurero; las mías, en cambio, pasan a languidecer en el limbo.

Luego, con el tiempo recobran alguna utilidad, pues en medio de un –afortunadamente escaso- arranque de orden, las cajas se convierten en un sarcófago para la miríada de souvenirs o mementos o papeles que pululaban en mi cuarto y que debían hacerle campo a nuevos mementos o souvenires de Asia Menor.

Filosófica, alegórica y simbólicamente las cajas de zapato mantienen un vínculo especial con su contenido que alguna vez fueron zapatos, aquel preciado y antiguo artículo que nos mantiene sobre la tierra y que ahora son recuerdos. Esta nueva labor como guardián de mementos se podría decir que nos mantiene atados a otro suelo, a tener los pies en la tierra que es nuestro pasado.

Finalmente, a la manera de los antiguos las cajas de zapato se acumulan, se apilan, se convierten en torres, o en ziggurats. A la espera de ser derribados o almacenados en algún otro lugar.

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