Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

AlgoTurismo

Es curiosito el sapiens sapiens, siempre anda vineando por ahí, con todos los sentidos alerta tratando de descubrir algo. ¿Descubrir qué? Lo que sea, lo importante es encontrar algo, un comprendimiento nuevo, una enseñanza más, apropiarse de una imagen o una impresión o una idea o una sensación. Para eso estamos hechos, ¿no?

De niños (¿sólo de niños? jaja, creo que no) andamos de tequiosos, palpando, viendo –y ¿por qué no?-, oliendo y probando cosas nuevas, hay una fuerza que nos impulsa a eso. Una fuerza que en ocasiones la convertimos en el verdugo de pobres felinos,  aunque estoy seguro que la curiosidad ha matado más hombres que gatos. Al final o nos llevamos un susto, un disgusto o nos llenamos de esa infinita sensación de placer que es haber encontrado algo que nos gusta, como el niño que encuentra un juguete envuelto en una caja colorida, la sonrisa inevitable de quien encuentra un billete de diezmil que creía gastado escondido en la billetera. Satisfacer la curiosidad, es satisfacernos a nosotros.

En nuestro moderno, seguro y post-industrializado siglo XIX la curiosidad y la satisfacción de la misma es –naturalmente- un negocio, institucionalizado, industrializado y socializado. Se trata, claramente, del turismo.

No es nuevo, desde que hubo ciudades (allá en la noche de los tiempos) algunos hombres habrán querido ir a ver esos lugares donde se construyen ‘chozas de piedra’, la historia siguió su evolución y en algún momento aparecen museos y zoológicos donde se exhiben las rarezas (desde grandes estelas de piedra a doradas esculturas, animales salvajes e incluso antes, otros hombres) de los confines más lejanos del mundo para despertar la curiosidad de miles. Hoy en día, unos cruzan mares para ir a ver una altísima torre de acero, otros vienen acá a ver naturaleza verde, agresiva y virgen.

Finalmente lo posmoderno, la exageración. El turismo nació por la curiosidad de unos por ver cómo y dónde viven los otros, la satisfacción consiste en experiementar por un tiempo el ambiente ajeno. Ver sus monumentos, comer su comida, ojalá hablar su idioma y tal vez tratar de ser uno de ellos. Es una rica y satisfactoria experiencia, en especial cuando los otros ofrecen servicios y facilidades para la mejor acojida de estos forasteros curiosos. Naturalmente, con el tiempo la oferta aumentará, diferentes lugares buscarán tentar a los turistas, vendiéndose a sí mismo como parte de la ‘verdadera quintaesencia de la experiencia de conocer’. Pronto no es solo la torre de acero, sino también el ególatra palacio de aristócratas, monstruosas pinacotecas, monumentos en cada esquina.

Selección natural y oportunismo convierten al turismo en un fuerte tronco con miles de ramas, ‘turismo inteligente’, ‘turismo gastronómico’, ‘turismo de aventura’, ‘turismo de salud’, ecoturismo, geoturismo, agroturismo, algoturismo. Pues eventualmente no se trata sólamente de satisfacer la curiosidad que ya traían los visitantes, sino también de ofrecerles aquí nuevas e inimaginables aventuras, cosas que pueden ser completamente ordinarias, pero con un maquillaje publicitario son la decimoquinta maravilla del mundo.

Es en este instante donde la industria turística puede mostrar algunos detalles de parca, cuando lenta, pero decisivamente, nos orientamos hacia un monocultivo de sitios turísticos. Así como la curiosidad puede aparecer de repente, también se puede callar, hastíada por repeticiones, variaciones ligeras. (Al mejos estilo hollywoodense, donde secuelas o refritos nos aburren fácilmente).

Ahí tal vez no daremos cuenta de que los algoturismos, al igual que estadios, circos o teatros perderán afluencia; que el turismo no puede ser el fin del camino, ni el destino final de nuestra política económica. El turismo es importante, indispensable por el momento, pero no se puede creer sólo en él, mucho menos cuando todo diverge hacia algoturismos, con atracciones poco atractivas, artificiales, insatisfactorias, y –fríamente analizadas- sosas.

Hay que aprender lecciones y aplicarlas, antes de que se acaben los beneficios del turismo en su máximo esplendor, hay que saber que se deben tener los ojos abiertos hacia el futuro, invertir no solo en mejorar y mantener lo que haga posible la gran afluencia de turistas actualmente, sino ir preparando la contigencia, la forma de sostener el país, si el turismo llega a dejar de ser tan importante. (Serán los tiempos de crisis, pero siempre hay que tener un plan b).

Twelve Months Gone

We Didn’t Start The Fire