Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Raindrops Keep Falling on My Head

¡Ah, Mayo! Con sus lluvias intermitentes de abejones kami-kaze, bzzzzzt y un zarpazo de la gata, bzzzt y el choque contra la lámpara de mi mesa de noche, bzzzzt y uno que se queda entre la greña, bzzzzzt y luego el retumbo del folleto de griego contra la pared y, por el momento, un silencio de esos que se agradecen, que alivian del ruido coleóptero melolontiano. No llueven sólo abejones, claro está, no sería mayo si no cayera agua del cielo; pero esta vez gracias a los dioses del cambio climático. (Pensándolo bien, dios es una buena analogía para ello, pués el cambio climático es un asunto de fe, justificado o contradicho por mil y un argumentos; al final la realidad es tal cual, con los villanos y responsables que cada quien se quiera inventar, llámense dioses, gases invernaderos o civilizáción). Aquí en las cumbre moncheñas de Tres Ríos, ha llovido a cántaros, no sólo a cántaros, sino a barriles y a estañones, he amanecido y abierto mis persianas para encontrar una gris cortina de lluvia que me ha querido asustar hasta ocultarme en mis cobijas, pero el atisbo de fuerza de voluntad me ha hecho enfrentarla.

He salido armado cómo de costumbre con esa pieza de metal y mango de madera, tan sugestivamente bélica como esos pistoletes sigloXIXescos. Fue a su sombra hasta la parada de buses, fui a la U, lo doblé al pobre paraguas al entrar al edificio, en el aula lo tiré a mis pies, en la típica imagen canina de lealtad ahí descansaría esperando que yo lo necesitara primero. Con la entrega del examen de sánscrito de por medio (91, flying high), salí de clases rápidamente, tenía hambre, no había desayunado (sí, porque llovía me quedé un rato en las cobijas, mi fuerza de voluntad no da para tanto) y pues, aun garuaba, entonces tomé mi paraguas, salí del aula sigilosamente, salí del edificio prontamente, llevaba el paraguas en la mano, iba hablando con alguien más, discutíamos, como no llovía el paraguas seguía cerrado. Alguna secuencia de movimientos que no logro ordenar en mi mente fueron ejecutados por mi mano. El resultado, una decapitación inesperado, un trozo de tela sintética y una varilla de metal que surcan los aires, un trozo de madera ultraliviano que queda atrapado entre mis falanges.

Miré al cielo, no sólo por ser el gesto habitual según el que se insultan a los dioses de este mundo sino también porque quería comprobar el gris de las nubes, tratar de descubrir entre los cúmulos de vapor de agua condensable alguna señal de que ese día no fuera a llover, pues ya mi paraguas era sólo basura y no querría ir a comprar otro.

En estos días de lluvia he decapitado a mi viejo paraguas, sin funeral ni gloria, parte de él ha terminado en el basurero, la otra, me ha parecido memorable, digna al menos de ser recordada así. (De por sí la cabeza siempre es recordada por la historia, los franceses revolucionarios las exhibían en las cercanías de las guillotinas, Genghis Khan decoraba sus conquistas con las cabezas de enemigos caídos). He aquí al mío:

Through the Eyes of Jules022

Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones

Pigs on the Wing