Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Electioneering

A quien no quiere sopa, dos platos. Ya van dos domingos de convenciones; como si no fueran de por sí días aburridos y lluviosos les dieron el ‘valor agregado’ de llenarlo de políticos empapeletados, votaciones, conteos, discursos, reacciones y bueno todo eso.

Naturalmente, ignoré categóricamente ambas convenciones; no tuve mayor interés en ninguna, las tendencias y sus candidatos me interesaban menos que la alineaciones de la final de Segunda División. Claramente presiento el fruncido ceño admonitorio de mis lectores aficionados a la democracia, a la participación cívica, a votar por Ottón, o por Epsy, o por Laura, o Johnny, o por las fallidas bestias negras [aunque lo parezca no es un expresión peyorativa] de Macaya y Berrocal, pero no había nada sorpresivo aquí, el patriarca iba a ganar en su partido, el oficialismo se iba a imponer dentro del oficialismo. Es como ver por enésima vez un capítulo de los Magnificos, bien se sabe cómo acaba todo, hasta los chistes que hay de camino; se nos viene la etapa de reconciliación de Ottón alargando su mano hacia Epsy, hacia Macaya; de Laura y Óscar congratulándose por los verdiblancos triunfos, que son victorias de la democracia y la libertad y que todos los partidarios son parte de ello.

Es por ese aire trillado que prefiero admitirlo llanamente: no me interesaron las elecciones, convenciones de las cuales va a salir el futuro gobernante del país. Incluso, lleguemos al crescendo, dudo que me interese más por las elecciones cuando lleguen en febrero del otro año, porque es claro que la elección nuevamente va a ser cosa entre dos, entre Laura y Ottón, Calderón no tiene vela en el entierro, Otto nunca la ha tenido y los demás partidos que tienen el mismo colorido de banderas que la segunda división saben que sólo van a ‘pulsear’ un diputado, cuando mucho.

Dice el viejo adagio que entre todos los males hay que escoger el ‘menos peor’ [dicho así, a los Trshesh Yíos], servirá para muchas cosas, pero aplicarlo a la política es sumamente peligroso, porque la única afirmación de buscar el ‘menos malo’ es que no hay ‘ningún bueno’. En una elección como esta, entre Ottón y sus defectos que no pienso listar aquí y por los cuales no voté por él en la elección anterior, y Laura y los defectos de la presente administración, preferiría que no ganara ninguno.

Hace años, el tagline de alguna cinta era: ‘Whoever wins, we lose’ [Alien vs. Predador, tal vez o Freddie Vs. Jason o Laura vs. Ottón], algo de eso son las elecciones del 2010. ¿Elecciones? se da por un hecho tener que elegir, cosa que no quiero; no quiero dar mi voto a alguien que no creo capaz de sacar adelante este país, sin embargo se supone que es un deber cívico, más que un derecho. Entonces la voz en lo más recóndito del cerebro parece sugerir que lo razonable sería renunciar a ese deber, a los derechos, a ir al TSE y ‘renunciar’ a ser costarricense, a empacar una valija, irme con los pingüinos a la Antártida, irme a los parajes donde no hay banderas ni fronteras ni países, a vivir en una de esas piedras que hay en el Atlántico, que no son islas, sino que parecen los planetas del Principito.

Divago, divago ante la necesidad de escapar de pensar en el futuro del país, un futuro que está guardado en una casa de empeño, aun en un limbo entre ser pagado y ser vendido, atrapado en sus recovecos legales, en su inoperancia, en su apatía y en la increíble parsimonia costarricense. Creo que ya presiento que el primer domingo de febrero voy a estar lejos de la escuela Domingo Sarmiento de San Ramón de Tres Ríos, viendo las elecciones como quien ve los toros de Zapote, listo para montar una caravana migratoria cuando el Chirriche o Malacrianza entren a escena en mayo del 2010. Si alguien encuentra un candidato de verdad, por favor llevarlo al TSE.

What is and What Should Never Be

Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones