Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

And Good Bye to All That

Hace más de una semana, cuando llegué, simplemente acertaba a mover la cabeza de lado a lado, un péndulo de ojos verdes que intentaba, desesperadamente, absorber por los ojos cuanto fuera posible de Nueva York, salir de Penn Station y sentirse súbitamente tan ínfimo, al pie de esos monstruosos rascacielos, colosos de concreto, toda mi mente estaba dedicada a ver, a descifrar cada detalle, a reinterpretar todo aquello de cultura pop que me había llegado de Nueva York, me sentía un graduado en asuntos neoyorquinos cortesía de Seinfeld y Friends, pero eso eran sólo pensamientos que pasaban de aquí a allá, mientras yo caminaba y veía y luego el Empire State ahí nomás, y la discusión sobre si lo era realmente porque no se veía grande, más bien peque como el Banco Nacional, pero conforme nos acercamos comprendimos la perspectiva, la distancia se redefinía y la azotea del Empire State porque sólo de ahí se podrían ver las cosas y no creerlas, porque se queda en un ¡wow! que es una unterjección sumamente puntual para un sentimiento que se prolonga por días, porque la ciudad tiene su propia luz, su propia alma –dirían algunos-, pero simplemente es un encanto que se deriva de ser un caleidoscopio-skyline-arquitectura-iluminación ya reconocible pero hasta el momento no comprendido.

Muchas otras veces pasamos por Times Square, era nuestra ancla, como un lugar que hay que ver aunque sea marginalmente, agregarlos sutilmente a nuestros itinerarios para verlo sin necesariamente comentar sobre algo nuevo, simplemente era el cruce por excelencia, el lugar típico por el cual había que pasar de nuevo y de nuevo. Y las tiendas, y los lugares para comer. Y simplemente las luces, los carros, el hummer-limusina que era la ubicación de una fiesta rodante de nenas-rubias-bobas sacando cabezas y gritando por el quemacocos, los vendedores de cosas de imitación, la Babel ambulante, porque había indios, alemanes, franceses, españoles (hasta para tirar para arriba) y nosotros cuatro ticos, balbuceando sandeces de la mejor manera posible, o con nariz de payaso en la cara o simplemente tomando docenas de fotos de todo. Y riendo, porque si algo dejamos en esa ciudad fue el eco de carcajadas burlistas e irreverentes desde Times Square hasta el Battery, en el Upper East Side o en una mesa en Little Italy y ni hablar de Secaucus y el tren a Newark que era ya familiar, las carreras en Penn Station y los indigentes cumpleañeros y las cervezas que comprábamos en la farmacia.

En los días siguientes fueron los museos los que me maravillaron, por su extensión o lo imposible de su naturaleza, imposible por que no hay forma real de poder ver todo en una visita, hay que satisfacerse con haber visto algo, esos museos que una amiga me dijo –y estoy de acuerdo con ella- que son el verdadera alma de esta ciudad, más allá de sus inmigrantes y sus landmarks son el Met, el MoMa, el Guggenheim y el Museo de Historia Natural lo que definen el carácter de los Neoyorquinos, de esa cultura donde saber que tienen a Monet, Picasso y Tiranosaurios ahí nomás, que desde pequeños se los enseñan, y yo a los 24 deambulaba como un niño también queriendo llevarme de eso cuanto fuera posible sea Kandinsky o Magritte, el Templo de Dendur, a Warhol y a Roy Liechtenstein, pero sólo en tarjetas me los pude traer cuando mucho.

Luego la quintaesencia de cualquier experiencia en EE.UU. el roadtrip, el viajecito, el GPS y el Dodge Journey que salió de un rental en Newark y luego se tiró por el Turnpike, guiado por CARlita, auxiliado por ‘Rosita', para evitar perderse camino a Philadelphia para pasar el día y luego seguir a Dulles, pero el Centro Histórico de Philly es como el Smithsonian, de esas cosas chivísimas e increíbles que ‘vimos’ que cuánta historia en un solo lugar pero de las que no hay fotos por enredos y cosas de la vida, pero increíbles los lugares. Alejandro maneja, y Jose pone música, yo interpreto el mapa del GPS y estamos pasando de nuevo por un mismo lugar, pero la salida es aquella y hay que caer de nuevo en la I-95, que ahora va para Delaware o Baltimore o quién sabe dónde y en ella vamos nosotros y ¡peaje! ¿quién cuenta las monedas y billetes? y así vamos, y a ratos es Bon Jovi, a ratos los Beatles y –obvio- Muse y U2 que suenan y cantamos o gritamos, pero por lo general vamos riendo y que cuándo llegamos. Y el Hotel de Washington está en el culo del mundo pero hay un mall cerca y eso es debacle porque hay que comprar ropa y zapatos y al día siguiente es el concierto y viajamos y cruzamos por todo el estado rural y hay tractores y el ave estatal de Virginia son los semáforos y por enésima vez a comer en el McDonalds y todo menos una Angus que tiene calorías y grasa para matar y ya estamos hartos y llegamos temprano y el concierto es chiva aunque está lleno de rocos y eso no matiza tanto y la voz de Bono está hecha una desgracia pero Muse ¡MUSE!.

Y D.C. que para nosotros será la troleada tan dolorosa porque a estas alturas los pies son tamalópodos, porque duelen y quién sabe cuánto caminamos pero vimos el National Mall, y todo alrededor y caminar, pero Washington es aburrido y punto, nos hacía falta NYC y cada vez volvían los chistes de Salvador, de Wedges, de Rosita y Carlita, de imaginarnos escibiendo sandeces con Seth McFarlane, porque la producción es infinita, es irreverente, y la nariz de payaso que atrae los lentes de cámara ajenos nos sorprende así como los helicópteros que aterrizan en la Casa Blanca y secretamente temí que algún granjero redneck me viera y me quisiera volar un balazo por estar frente al Capitolio haciendo payasadas, porque es lo que mejor hacemos. Y luego más compras, pero el dinero ya no da.

Divagaciones. Risas. Irreverencias. Stellas Artois. Facebook. La payasa a la 1 a.m.Y si teníamos gente en el cuarto de a la par que se aguante, pero eso ya quedó en el pasado, porque ahora estamos en el aeropuerto y el Sudoku nos confunde y nos irrita el Wifi que se cobra, pero todo se acaba queda el vuelo y el viaje fue genial de esas cosas que se recordarán porque es memorable, porque casi morimos estampados porque un peaje nos sorprendió, porque los rocos genéricos nos veían con desprecio. Porque Washington apesta, y porque quisiéramos estar meses en Nueva York.

Thing is, good-bye for now, pero lo cierto es que un viaje de estos se vuelve necesario, ritual y ahí estará en el futuro, siempre habrá más destinos que conocer.

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