Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Death and All His Friends

Trago saliva, más porque es un gesto de alguien quien duda mucho en qué escribir. Dos días atrás escribir de la muerte habría sido totalmente diferente. Dos días atrás Muerte era sinónimo de cempaxóchitles, esas flores naranja omnipresentes en panteones y altares de muertos, en esa Oaxaca colorida que celebraba la muerte, en ese Xoxocotlán con Mariachis y gente que cocinaba en las tumbas y donde las nubes de algodón de azúcar llevaban esa dulce atmósfera sobre el cementerio, en esa Etla de lentas comparsas y donde la Catrina iba con una calaca Mariachi, junto a otras figuras tan coquetas ante los lentes fotográficos. En ese atiborrado Cementerio de la Ciudad de Oaxaca donde la gente rendía sus tributos a sus muertos. Había sido un viaje para conocer esa muerte que se celebra, que incluso se venera como una santa.

Trago saliva y frunzo el ceño, el gesto se complica tal vez porque no sé aun cómo hablar de esa otra muerte que es más real. De esa que me hace garabatear en el teclado, escribir una cosa y borrarla porque sé que lo que aquí escribo alguien lee. Las siguientes oraciones han sido escritas y reescritas varias veces, justamente por eso, porque trato de decidir que poner y lo único que vuelve a mí es una frase que vi en algún altar, en alguna Catrina, en algún tapete o quién sabe dónde. “Pa’morir vivimos”. En algún momento pensé en el juego de palabras obligatorio, “pa’vivir morimos”, pero vuelvo al original, a la muerte como un final, una transición, no más ni menos, el luto es de los que quedan y no de todos, existe el alivio de que acabe el sufrimiento, igual hay tristeza y esa piedra en el pecho, ese nudo en la garganta y esa pausa en todo lo que escribo.

Hoy murió mi abuela paterna. Hoy recuerdo mis domingos de niño en Alajuela. Recuerdo a mi abuela y a mi abuelo juntos, son las imágenes que vienen a mí, la de abuelitos juntos y no la de la viuda de los últimos años. La recuerdo, mi abuela de nombre curiosamente árabe y apellido hanseáticamente germano. Sus ojos azules, su sonrisa, sus historias de chiquilladas de mi padre. Ya no trago saliva, ni revoloteo en pensamientos, sonrío con cierta serenidad.

Vampire Nazis

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