Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Torture Me

Soy quisquilloso, no bueno, no, tal vez sea que me desespere, pero no, tampoco, más bien es algo como ser un amargado, pero aun así, a la palabra le sobra fuerza, tal vez sea cosa de ser un insoportable, reprimido, sí, insoportable al fin. Tal vez la habitual mueca, el extremo del labio que se desplaza hacia la mejilla, la boca, cerrada, halada, horizontal, larga, con esa expresión de angustia levemente muppetiana, esa expresión de Rana René acongojada, tal vez sea esa la expresión que resuma mi state of mind. Víctima de esa incómoda tortura –inevitable- de coexistir con gente molesta en el mundo.

La tipa (porque decirle ‘señora’ habría sido un insulto para madres, esposas y demás en el mundo) me llamó la atención desde que me puse en la fila, ella estaba como seis personas por delante, su simple atuendo fue alarmante, es de esas que andan con una camiseta de la Sele que compró en un cruce de calle o una rotonda, la llevaba –a pesar de sus 40 años (o más)- amarrada para revelar un ombligo gris en una piel sin vigor, andaba el mangano rosado, pijamoso a más no poder, combinación de chuicas para pasar el palo-piso en la privacidad de la casa, no para pavonearse por la Oficina de Registro de la UCR con un lapicero BIC, una hoja llena de garabatos que habrán sido respuestas de algún funcionario en una oficina que sin duda alguna habrá agradecido a los dioses en el momento que la mujer se fuera y esas pulseras de pelotas plásticas sacadas de un bazar. In a nutshell, era para todo efecto y prejuicio práctico y superficial una pola. [Júzguenme superficial, prejuicioso, pero creo que todo mundo entenderá a la perfección esa sensación de ver a alguien discordante, un elemento foráneo que –casi que intencionalmente- hace manifiesto que no pertence ni encaja ahí, y por tanto sólo va a venir a causar enredos]

La tipa era prepotente, tenía el orgullo herido por el fracaso de una pesquisa telefónica que la había hecho venir hasta ahí desde Moravia. [Quien no esté familiarizado con la geografía josefina, la distancia entre Moravia y la Universidad de Costa Rica es comparable únicamente a la distancia entre el puerto de Shanghai y la ciudad de Constantinopla, jornadas enteras a través de peligrosos parajes llenos de bandoleros e infieles. A lo sumo 10 minutos en carro, unos 25 en bus.] Todo su carácter quedó en claro en los primeros 20 segundos de conversación: “Señorita yo intenté hacer esto por teléfono y no me atendieron. En cambio en la UNA sí me atendieron bien”. Ahí inició su larga letanía, a la cual le puse atención por natural curiosidad mientras se evaporaba la demás gente en la fila y yo quedaba en pole position. Finalmente yo pasé a otra ventanilla, de dónde fui remitido con cierta cara de apología hacia la ventanilla donde aun estaba anclada en sus peroratas la mujer de pelo corto, ombligo pelado y amplias necesades.

Puse atención a toda la conversación, pero no podría reproducirla en su totalidad. Como introducción baste decir que la mujer, era la orgullosa madre de una muchacha que sacó 527 puntos en el examen de la U, algo así. Luego su preocupación de madre la había traído ahí. [Aunque si la perenceja está en el colegio al colegio iba a llegar la información],  “Mi hija toda su vida ha querido estudiar Ingeniería en Sistemas y yo quiero saber qué puntaje es necesario para entrar”. La muchacha servicial, trató de explicar el sistema de cortes de la U, la mujer estaba empecinada en no entender cómo no podían tenerlo de antemano, a pesar de que reconocía que era primero necesario efectuar el concurso. Habló y habló. Dimes y diretes. Pendulaciones conversacionales. La fila se hacía más larga, porque una ventanilla había sido secuestrada por esa mujer, yo escuchaba su historia porque la muchacha que podía responder a mi duda era embestida por falsas cortesías “¿y en toda su experiencia aquí qué me recomienda?” con el backhand de la grosería “¡ah pero usted no me está ayudando!”, del insulto prepotente “'yo no estoy aquí para que alguien que no sepa me haga perder el tiempo”, naturalmente ella tan importante, tan preocupada por la “hija que merece tanto más que esta universidad tan desordenada”, pero siempre siempre la alusión “a computación que es lo que siempre quiso” hasta que surgió el asunto de estudiar Económicas y pues “economía es lo que siempre quiso”. Ahí estuve a punto de interceder de enjachar a la señora a quemarropa, con cinismo decirle que la muchachita está huevoncita, que si quiere entrar a la U a compu o a lo que sea que lo haga ella. Me contuve, más porque era absurdo el diálogo y lo absurdo me entretiene. Es como una improvisación de Robin Williams. Pointless. Fatua. Ahí seguía, disculpando por absorber el tiempo de la muchacha de la ventanilla [¿y el del resto de la fila qué?]. Yo esparaba, torturado suavemente por el tedio de lo absurdo cuando se inicia a tomar en serio, Y la mujer seguía sin entender que la hija con esa nota no iba a entrar a compu, la muchacha detrás de la ventanilla defendía la posición de la U y trataba de contener su frustración. Cuestiones de elegibilidad, de dos opciones, de terceras semanas de enero, de cortes como indicadores, pero que no son ni garantía ni obstáculo. ¡au! En medio de algún suspiro bufado creo que la mujer comprendió que ahí no habría de poder hacer que si preciada chiquita que merece más que ser una adminstradora como su tía, tío, primo y quién sabe qué, y que ella como madre quería que estudiara computación y… y se fue. Dijo algo poco cortés, quejándose de la ineficiencia y se fue.

Como un barrido de las escobillas en el parabrisas, me prestidigité ante la escobilla; compartí una sonrisa de complicidad de la muchacha, los ojos rodados, el suave agitar de la cabeza, y luego el buenas tardes, mi pregunta, su respuesta, mi encoger de hombros, su disculpa, como un juego de gato, ágil, di las gracias, me recordó fechas, le volví a agradecer y comenté que al menos no había absorbido tanto de su tiempo no lo pude evitar, la frustración ajena se me salía por las orejas, ella río, dijo algo de cortes de notas y mis cosas en enero.

Me fui caminando. Lento. No tenía la verdad nada que venir a hacer. Pensando en esa mujer que es una caricatura de sí misma y de todo lo demás, arquetipo de lo molesto, de la gente que cree ciegamente que hablando consiguen su cometido, cansando a la gente, haciéndose (o siendo llanamente) imbéciles categóricos, innecesaria ella, asumiendo responsabilidades ajenas, queriendo cosas a su voluntad, malacrianza existencial. Secretamente confieso que a veces el 2012 se me hace muy distante.

Elecciones 2.0

Not All Who Wander Are Lost