Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

La Elegía de un Voto Válido

La mañana es fría y oscura. Es nubosa y tiene esa pinta de lluvia que no se va a ir por un buen rato; ya puedo imaginar a más de un romántico creyendo que por alguna razón lo metereológico tiene que ver con lo político, que es natural que por el resultado de la elecciones el día amanezca triste y que hoy no hay ganas de hacer nada y que qué feo. El día seguirá con normalidad, como cualquier otro día, desde mi cuarto escucho los pajaritos, los intuyo felices por el día así y sé que los perros también andarán dando vuelta en el patio y que el día no será diferente a tantos otros, unos celebran el triunfo, otros –como dijo alguien en Twitter- ya saben lo que los futboleros sintieron cuando se fracasó al ir al Mundial. Son los gajes de la democracia: algunos partidarios saldrán decepcionados y se ven las caras largas del gol en contra, del partido que se pierde por goleada al minuto diez y ya la gente sabe el resultado y otros harán comentarios incoherentes como que los resutlados están raros y darán a entender una sospecha silenciosa de esa palabra con ‘f’ que me aturde y cuya sospecha me parece absurda. Sh! Ese rumbo no es el que tome este blog.

Amaneció también otro grupo nuevo en Facebook, lleno de resentimiento e indignación: “Laura no es mi presidente”. Yo insisto en no tomarme las elecciones tan personales. Costa Rica eligió. Laura Chinchilla es la nueva presidente de Costa Rica. Yo no la elegí, sin embargo no por eso deja de ser mi presidente. (No tolero el lenguaje inclusivo, Laura es presidente, sin ningún chiste de travestismo del Paté Centeno de por medio). Yo no la elegí por varias razones, que se resumen en que no encontré en ella ni en su plan algo que mereciera la confianza del liderazgo de un país. Quien la haya elegido, espero, tenga sus buenas razones para haberlo hecho. Su campaña tibia, sus recitales de promesas, y la media docena de puntos específicos que tocó no me convencieron por mucho.

Tal vez yo peque de cierto resentimiento, también. Siempre hay algo de hincha amargado que antes de decir por enésima vez que de fútbol nada quiere saber, siempre habla volúmenes del último partido que vio, para justificar su fuga, pero de la campaña ya hablé suficiente, del sistema no puedo decir nada sin pecar de anti-democrático, sugerir un examen para los votantes, para garantizar que estén entendiendo qué es lo que están votando sería visto con malos ojos. Y eso ¡dios libre! Sería casi tan malo como quebrar una hostia y echársela en la bolsa a un candidato.

Me quedaría hablar de los votantes, pero son tantos, tan pluriformes, cada uno una historia, una justificación diferente entre sí, que cansa sólo el prospecto de imaginarlo. Tuve, por cuestiones de la vida, que ir el sábado allá al norte sancarleño y el domingo al valle de Orosi y pude ver las banderas y los comportamientos de la gente. Intuía el triunfo de liberación, ahí lo empecé a entender, repensando en los debates, cosas que yo veía como fracasos, para otra gente eran enormes triunfos de Laura Chinchilla (verbigracia la insólita defensa de la memoria de Pepe Figueres), y así con todo la demás. Las prioridades de otra gente son diferentes a la mía, sus necesidades otras y las atenderán buscando a un candidato que les ofrezca cosas inmediatas; para muchos efectos prácticas Costa Rica es un potrero, uno con internet, pero potrero al fin, con preocupaciones de pueblito; tanta gente entiende poco de economía que los números de Ottón Solís don’t amount to a hill of beans, ni siquiera si son los nuestros; la campaña es diferente en cada lugar. La gente busca mantener su status quo, visión no necesariamente egoísta, pero sí, a veces, tan rural, donde no importa si China o no China, ni tantas cosas de principios, o reorganización, o políticas de protección, impuestos (que es una palabra que siempre asusta) cosas tan políticas, tan poco que ver con tanta gente que más bien se alegra de una mujer que sea presidente, porque es mujer, y que es por eso que el PASE simpatizó lo suficiente para cuatro curules, igual que Fishman que también se sonrió su camino a una diputación.

Yo voté, no lo anulé, tal vez la apología deba ser este post en vez del artículo en la nación, no lo sé. No me lamento. Quise ayudar a un partido a alcanzar una madurez que sólo va a lograr con la responsabilidad sobre los hombros, no fue así. Los votos, las papeletas, serán disecadas en próximos días en el TSE, pero ya todo está dicho. Costa Rica tendrá una presidente y yo seré de pronóstico reservado. Volveré a mis historias de mujeres que hablan de embutidos en el Automercado o figmentos de mi imaginación en el bus de San Ramón.

It’s the end of the world as we know it (and I feel fine)

Dancing With Myself