Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Julián in Wonderland

Aun queda por decidir si el agujero de conejo se apareció debajo de Julián o si Julián apareció sobre el agujero. Lo que importa es que la relación entre agujero y Julián es regulada por la gravedad que exige indiscutiblemente que se produzca una caída, sin importar el orden de las cosas. Es así como Julián se encontró en el fondo del agujero de conejo, que no necesariamente sería un agujero, ni un conejo, sino que podría ser un lugar más ordinario, como un bus, una sala de cine o incluso una ciudad, en la cual cualquier puerta posiblemente pueda tener una llave lejana o improbable, o donde haya alfajores que pidan ser comidos o cervezas pidiendo ser bebidas y, naturalmente, Julián no duda en obedecer, porque sabe que no está sólo sino que la compañía en esa lejana tierra es buena, agradable, y digna de ese mundo al otro lado del espejo, en el fondo del hueco de conejo, o simplemente ajeno a su propia, josefina realidad.

Wonderland (cuya torpe traducción como País de las Maravillas me ha puesto a pensar en una que otra ocasión) está poblado de multitud de criaturas inimaginables, o más bien tan terriblemente reales que asustan. Cada ser es terriblemente diferente entre sí, pero a la vez es terriblemente igual, comparten entre sí características esenciales que los hacen parecer torpes repeticiones, indistinguibles entre sí. Hay personas que parecen barajas ambulantes, niños modernitos en sus uniformes dispares y coloridos, masas y multitudes de gentes que son tan poco originales como un siete de tréboles o un cuatro de oros. Otras gritan sin razón. Otras pretenden algo que no son. Y otras son algo que no pretenden ser.

Naturalmente también hay esa gente especial, esa oruga que lentamente se fuma al mundo, esos gemelos necesarios y trascendentales o el mágico gato, cuya sonrisa imposible, es un recuerdo constante que el mundo está –afortunadamente- lleno de detalles que continuamente desafían las probabilidades, a veces del gato queda no sólo la sonrisa, sino los ojos, gatunos y a la vez no, juguetones e inteligentes, guiños y verdes, y a veces no son verdes, lo que hace a Julián pensar en imposibilidades cromáticas, y descubre que el pelaje también tiene color al no tenerlo, porque se puede evaporar, o los gatos a veces se duermen con caricias en la frente. Finalmente Julián, tan terriblemente espantado, por las barajas sentadas en sus buses o atendiendo en cajas, en cafés o andando por las calles, se refugia en una que otra sonrisa que se evapora, en un sombrero de copa de talla 10/6, o en pares de personas que discuten, sin darse cuenta de que dicen lo mismo.

Mientras tanto, la Reina de Corazones, sutil e invisible, logra convencer a Julián de querer cortarse su propia cabeza, tan súbitamente hinchada al tamaño de un chiverre o algo así, que lo hace añorar al verdugo o al acetaminofén, que se figuran como únicas salidas, del laberinto. Sospecha, secretamente Julián que se ha convertido en un flamenco y lo han usado para jugar al criquet y sabe que eso es perfectamente posible, pero aguarda y espera, pero por aguardar y esperar a veces se debe entender pasearse impacientemente. Otros, por cuestiones de relatividad, podrán deducir que también puede implicar un movimiento del mundo alrededor de él, otros se conformarán con saber que se puede descender o salir de un espejo y despertar del país de las maravillas para dormir sin dolor de cabeza ya, y sí con gata, pero no la que sonríe.

Raptors are Evil

It’s the end of the world as we know it (and I feel fine)