Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Achilles Last Stand

¡Canta, oh musa! Sí, cantá, cantate una de esas, las que me gustan, las canciones que me saben-huelen-parecen-sienten-escuchan como el mar como el vino. Epi oinopa ponton. Dale entonces musa y empezá una de esas canciones que son como el mar y por tanto como la tempestad porque son ambas una y la misma cosa que son un ciclo de condensación o evaporación y me faltará ahí la sublimación pero que no tiene fin que tampoco es problema porque lo infinito es bienvenido como también le tocó aprender a Aquiles, de pies ligeros. A kill-ease. Un-ease. Crept. Repta. Como una tortuga que es un reptil, ergo repta, pero que así y no de otra forma logra vencer a Aquiles, de pies ligeros; la velocidad del Pelida poca importancia tiene porque en la infinita sucesión de persecuciones una flecha lo alcanza. Arma más cercana a lo efímero. Dura un instante apenas. Tensar. Soltar. Morir. Son diferentes la lanza y la espada, eso lo sabía bien Aquiles, de pies ligeros. Hacen sentirse en el atacante, es más cercano, que lo diga el poeta que describe de-ta-lla-da-men-te los desparramamientos, las rodillas desarmadas, las tripas regadas, las caída como encina o los que son menos gloriosos y mueren retorcidos como gusano y todo eso ocurre con la lanza ahí, clavada, luego retirada, pero es peor con la espada porque la mano que da el golpe debe sentir como se desgarran piel y corazón; la flecha no. Sólo mata. Y ya. Y ya. Y ya. Y ya. Y el buen arquero fácilmente podría matar a tantos. Ulises y los pretendientes. O Paris. O Teucro. O Filoctetes, pero ese hasta el final y no hay que adelantarse, porque para qué, ya es mucho saber para Aquiles que muere. Porque hasta en muerte Aquiles entiende que está en una eterna competencia; tiene sus muertos que lo preceden y lo matan, sí lo matan ellos, porque cada uno lo acercaba más, porque antes de él murió Memnón, antes Antíloco, antes Pentesilea, antes Héctor, antes Patroclo, antes Troilo y en cada uno estaba escrita su suerte.

Luego Áyax, luego Paris, luego la ciudad y Príamo, luego las atrocidades de Neoptolemo y en cada uno está la estela de la muerte del Pelida. En los mismos Nostoi está el fantasma de Aquiles. Veo el talón, despedazado, la flecha mordiéndole la carne y consumiéndole la vida, en ese momento la final comprensión que toda esa guerra gira entorno a él. Con las bodas de su padre inicia, con su muerte, producto de esas bodas por dioses temerosos conjuradas acaba. Él, héroe, nació para destruir tanto a troyanos como a griegos, su vida fue su cólera; fue perseguido por su destino que los dioses sutilmente dirigieron, como la saeta. Ahí, al fin alcanzado, la destrucción total logra. Si mil veces naciera, mil veces ardería Troya, de amplias calles, con sus tumbas de príncipes muertos, mil veces morirían también los caudillos, a los dioses caros.

Ulises, más querido a Aquiles de los caudillos aqueos, he de imaginar, presenció el último momento de Aquiles pero no le correspondió entender nada. Sí, en cambio, le correspondió entender la solución del otro Aquiles. El que sí venció a la tortuga y de esa se apropió: Solvitur ambulando. Y es por eso que Ulises en el Mediterráneo erra.

Yours Truly, Angry Mob

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