Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

What do you do for money, honey?

Es un asunto simple: No a la minería a cielo abierto. No a la mina de Crucitas. No a las otras minas que se vislumbran que vendrían después de esta. No, simplemente no. Y no. Punto. He dicho.

Es un asunto simple: El oro vuelve loca a la gente; empezó, cuando todo empezó, con aquel extraño casi troglodita que seguró encontró un poco de metal que le recordó al brillo del sol. Le daba prestigio, fue ornamento de sacerdotes y reyes, era un metal maleable que no se corrompía (¡ah, pero cómo corrompe el metal!), cuántas guerras inició, cuántos mercenarios pagó, muertos aquí y muertos allá y el oro cambiando de manos, ídolos que se derriten, se funden en nuevos ídolos, luego la idea, tan vigente, de que el que más oro posea más rico es; van los españoles, sacan el oro y lo hacen lingotes, luegos los estadounidenses y ahora los chinos que también lo quieren para lo mismo, para guardarlo. Oro también despilfarrado en los lujos, en el anillito, en la cadenita que a más de uno hizo morir por un asalto trivial. Ahora también, al servicio, pero esto es el menos, de la ingeniería eléctrica en cuanto trombofonoscopio digital que exista, porque el oro es un noble metal y excelente conductor, pero qué vil. La sed de oro se mantiene, sigue, de las minas agotadas salen las mineras a buscar otros yacimientos; a ofrecer saciar la sed de oro de algunos gobernantes como pago para poder liberar las vetas doradas del abrazo de la Tierra, dárselas a ese mundo hambriento. ¡Oh noble incorruptible metal, vil y corruptor! Tal locura es un asunto simple.

Es un asunto simple: Con el ambiente no se juega. Es una verdad elemental, obvia y transparente, a tal punto que la hacemos de lado, que no la recordamos. La suerte de las grandes civilizaciones va de la mano con el trato que den al ambiente, en muchos, pero verdaderamente, muchos casos el colapso de una civilización se da por la irresponsable explotación del ambiente (deforestación, erosión, caza excesiva, pesca excesiva, manejo de aguas, sobrepoblación) y eso desde la Antigüedad. La región que conocemos ahora como Siria, Palestina o el Medio Oriente está en gran parte árida por la eliminación atroz de los grandes bosques de cedro de líbano para hacer enormes flotas mercantes o militares, la región que conocemos como Túnez después de ser conquistada por el Imperio Romano fue el granero del Imperio, ahroa el desierto se extiende y mucha flora y fauna se ha extinto; la isla de Pascua es el ejemplo clásico de una sociedad aislada que decayó por lo mismo, por si misma. Los polinesios que ahí llegaron arrasaron con los bosques conforme su población creció, murieron especies nativas [que incluían la variedad más grande de Diente de León existente], luego, a la llegada de los europeos ya habían llegado al punto de botar su famosas estatuas de piedra, maldiciendo el abanadono de sus dioses. El mecanismo es evidente: La explotación del ambiente da enormes recursos, estos recursos permiten el crecimiento de la población, el crecimiento de población aumenta la riqueza, la economía mediante la producción, se agota la fuente de riqueza, la sociedad se debilita: cae influencia externa o interna: Colapso. Dirán algunos, que todo esto no es posible, que existirá una torombola tecnología mágica que reparará los platos rotos, pero ¿acaso hemos arreglado los desastres de nuestros antepasados? Dicen otros, que el progreso así se consigue, que hay que pensar en el presente y que el futuro se arreglará solo. Pero, por algo ya no hay mayas (que quemaban bosque para tener campos arables), por algo la terrible pobreza de Haití (que practicaba una excesiva producción de caucho). No hay un Ctrl+Z para la Tierra, si algo hacemos las consecuencias nos tocan y son reales, es un asunto simple.

Es un asunto simple: Aquí hay oro. Tal vez no mucho, pero lo pueden sacar. Algo que aquí resulta fácil y barato. Mucho más ganancias perciben si explotan aquí a que si explotaran en sus países primermundistas, que tantas lecciones han aprendido de tantantísimas metidas de pata. En una Pangea restituida por las telecomunicación, la aeronáutica y los enormes contenedores, resulta fácil que Freeport vaya a meterse a Indonesia y Papúa Nueva Guinea y que Infinity Gold venga a meterse a San Carlos, aquí las leyes, como rezan en un coro singular Laura Chinchilla y la Sala IV, lo permiten; es más, ¿lo promueven? Allá en Indonesia la Freeport dejó un montón de oficiales gubernamentales con demandas de corrupción, un montón de pueblos mineros donde prolifera la prostitución y las drogas, toneladas y toneladas de materiales, de basura pétrea lanzada a ríos como un inmenso desagüe. ¿Y aquí? Aquí. Aquí. ¿Podría ocurrir algo similar? Mejor no averiguarlo, mejor rehuirle a ese miope progreso que parte de la explotación desmedida del ambiente. Porque, si se aprueba Crucitas, también se le va a allanar el camino a tantos otros proyectos mineros que vienen, casi encadenados, detrás. No sólo ese yacimiento se ha encontrado. Tenemos los instrumentos legales para prohibir la actividad minera de este tipo, la Sala IV fue lo primero, sigue el Tribunal contencioso, hay métodos legales por agotar, por detener esta actividad. Falta, sí, la voluntad política, pero si Costa Rica quiere se puede detener, es un asunto simple.

Es un asunto simple: Hay que ser decisivo. Tal vez Túnez, la Isla de Pascua y Papua Nueva Guinea suenen lejanos en el tiempo y en el espacio; San Carlos en cambio es real, está a menos de seis horas de San José. Es nuestro país. Esta protesta no es gratuita, el asunto es importante, importantísimo y no se debe dejar en el aire. Mucha gente ya se ha manifestado por prensa, por medios virtuales, el jueves lo harán en una marcha. No se trata de una negativa, terca; existen sólidos fundamentos en contra de la minería, que van desde el impacto ambiental, desde el mal manejo administrativo que se le ha dado a todo el proceso, pero más importante, la pregunta crucial: ¿se beneficia el país realmente? ¿es un 2% (establecido por el canon minero) de lo que se extraiga realmente un beneficio para el pueblo de Costa Rica? Sea egoísta, si quiere, ¿se beneficia usted? diga entonces: ¿quién se beneficia de Crucitas? ¿quién se beneficiará de los demás proyectos mineros? ¿qué daña, en cambio? ¿la imagen? ¿el turismo? ¿el enorme riesgo de contaminación? La respuesta, que parece evidente, es un asunto simple.

¡No a Crucitas! No al escaso oro a cambio de daños irrecuperables, imposibles de deshacer.

Es tan simple como eso.

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Yours Truly, Angry Mob