Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Yours Truly, Angry Mob

Es posible que yo sea muy tonto. Sí, un poco denso y torpe; es posible que tenga que ver que me guste usar tenis y no chancletas y que la literatura que me gusta sea la fantástica, la que juega con las palabras o las formas y no con las ideas sociales. Algo en mi educación debe faltar si mi primer impulso al ver un policía no es saltar sobre él y reclamarle por ser un símbolo de la opresión; naturalmente mi miopía ha de haberse agravado porque ni siquiera veo tal opresión. Sospecho que estoy defraudando el legado de Rodrigo Facio porque no hay fuerza que me arrastre a participar en un bloqueo, peor aún, ni siquiera logro comprender su utilidad. Compadézcanme, porque de verdad, no estoy logrando entender esto.

Ah y la Autonomía. ¿O autonomía? Se trata de un concepto terriblemente difícil. Creo que mi comprensión del mismo se ha visto severamente trastocada, me explico: por autonomía universitaria yo entendía que la UCR tenía libertad de cátedra y que podía escoger la forma en la cual invertir el presupuesto y podía desarrollar sus terrenos sin tanta bronca adminsitrativo-municipal, cosas así, pero. Pero. Según leo la UCR es como el Vaticano; desprovisto, eso sí de toda la parafernalia místico-religiosa y dotado de un fanatismo –no menos nocivo, ni fervoroso eso sí- político-revolucionario-democrático y todo lo demás, pero totalmente independiente, con su propia bandera e himno y las nobles falanges de estudiantes de élite como su ejército protector. Es tan independiente que puede evitar un arresto de un oficial corrupto, no porque defienda la corrupción, sino porque son sus fronteras y los agentes del OIJ no trajeron sus pasaportes visado, ni la orden de extradición. Sí, sí, yo también leí el reglamento interno de la UCR y debo tener un bajísimo Coeficiente Intelectual porque no logro reconciliar lo que dice el reglamento [avalando la intervención del OIJ en el campus universitario] y lo que debería ser, porque sí la autonomía es eso ¿no?

Naturalmente todo esto fue el día de ayer, hoy es diferente, está nublado y el día comienza con un análisis de lo sucedido. Sé, que debería, ya que no logro justificar intelectualmente las motivaciones de los estudiantes, limitarme a imitar, actuar como hacen esos nobilísimos estudiantes, pero hay algo que me lo impide. Veo cómo los estudiantes [no todos pero los socio-revoltosos de siempre] ahora insultan y desprecian el trabajo de los medios que se atienen a analizar lo sucedido, claramente si tal periodista luchó por lo de Alcoa pero en este momento le da la razón al reglamento, está en un error. Debería creer que es una vendida pero no lo logro, porque algo en mi mente reduce todo a ese reglamento que justifica la intervención. Perdón, sí, perdón, porque no logro desatarme de ese fría mesura, de ese análisis consecuente de las acciones, perdón, sí, porque mi noción de libertad es la que me impide ir a bloquear calles o agredir policías. Debo ser terriblemente tonto si creo que el arresto de un oficial corrupto amerita la intervención de un órgano judicial.

Al fin y al cabo soy un tipo que dibuja velocirraptores en paint. Soy uno de esos cínicos que ve el estado y lo ve con los defectos horribles que tiene, a veces no menos feo que una cucaracha aplastada; soy el que critica las inadecuadas leyes de este país, soy el que se pregunta si no es hora de una buena reorganización, acaso modular de las responsabilidades de ministerios y leyes y autoridades municipales, soy el que pienso que Costa Rica necesita ver qué quiere ser en veinte-treinta-y-cincuenta años para saber qué tiene que hacer ya, soy el que lee, pero no me dejo manchar por las convicciones del autor, hago lo que conviene hacer, cuestionarlas y ver qué tan bien se sostienen. Sé que el estado dista de la perfección: premia aún un régimen donde la corrupción, el nepotismo, las argollas y la underhandedness están a flor de piel. La policía es burda, es torpe, muchos elementos tienen una educación básica deficiente, mediocre o cuando mucho la menos peor. Su entrenamiento es antiplatónico, les hace falta ser más que uniformados (mal)armados. A sus líderes les hace falta sentido común, eso se pudo manejar mejor, pero la incompetencia rara vez justifica la violencia. Mucho menos los bloqueos. Los estudiantes que en eso participan no están siendo estudiantes, un estudiante es un individuo, una persona que razona, que es consecuente, que respeta; cerrar calles, hacerse tirado contra la policía es la cobardía de la masa, de la turba, de encontrar la justificación de los actos en una mala idea compartida. Sería muy cínico decir que si algún diente salió quebrado, pues fue un diente que se lo ganó por meterse en lo que no corresponde, pero me abstendré de estas gratuitas sutilezas. No dejaré de decir, eso sí, que la actitud de los alborotadores es a lo sumo patética, insultante, un resentimiento de niño que hace berrinche, que defiende una autonomía que no comprende y que arrastra a su día de hoy los demás berrinches previos, que sus argumentos descansan en el fanatismo, en la inmadurez. Su actitud es digna de la palabra zafarrancho, palabra que resume la falta de elegancia, de inteligencia de esos pocos, pero escandalosos estudiantes que lo que hacen es crear un estigma.

A esa hora, mientras todo se desenvolvía, yo, como tantos otros verdaderos estudiantes, estaba en un aula aprendiendo algo.

What do you do for money, honey?

Achilles Last Stand