Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

I Hope, I Think, I Know

Fue antes del desayuno, pero después de levantarme; en medio de ese deambular de un extremo del cuarto al otro, del control remoto en la mano, el zapping porque la programación matutina contamina todos los canales y la cama que se deja de tender para ver la tonta pantalla. El programa se llama “El Universo de Stephen Hawkings” y era una anuncio simple, bello, artístico en esa forma que sólo la física puede ser bella por ser cósmica; juegos de estrellas, esferas, tiempo. Luego me cayó la peseta. Me cayó de forma Newtonesca, por gravedad. Gravitas. El Universo es un atributo de los físicos teóricos, claro. El universo de Stephen Hawkings, El universo según Stephen Hawkings. ¿Según? Es casi un evangelio, pero evangelio no es más que ‘buena noticia’, ‘buena nueva’ en griego así que en cierta forma sí aplica, si la teoría es buena y es nueva, sería un evangelio, entonces el universo según Hawkings, de Hawkings sería un evangelio. Modus Ponens y reglas euclidianas, consecuencias lógicas. Todo tiene sentido.

Luego, lo inevitable, el por lo tanto, el ‘queda explícitamente demostrado’ o en vernacular: las consecuencias, en bunburesco: ‘de vez en cuando está bien asustar un poco’. El Universo de Stephen Hawkings me sigue dando vueltas. El Universo. De. Stephen Hawkings. No es de él. No es de nadie. La interpretación sí, es suya, cómo un evangelio, como también hubo un universo de Einstein. De Newton. De Pitágoras. De Perícolos Palotes. Ya aquí cae la peseta, el maní, se prende el bombillo y todo lo demás. La ciencia acaba siendo un asunto de opinión. Hay hechos innegables, la manzana que cae, las explicaciones son divergentes, porque sí, porque de ahí surge platónicamente la verdad, del diálogo, de la reconciliación de esas teorías, pero esa teórica promiscuidad acaba por ser su propio undoing, cuando se olvida la manzana ya podrida (¿será la misma que la serpiente recomendó?) y todo termina siendo el debate entre un viejo tal o cual, barbudo o bigotudo.

La ciencia pretende explicar el mundo. Hay explicaciones tal vez coherentes y sensatas que resultan densas y están más allá de la comprensión de la mente no entrenada, el zoológico de partículas, la curvatura del espacio, cómo funcione el LHC, las cosas que hacen Hawkings et al, e incluso los mismos chistes de Big Bang Theory andan por ahí, en esa zona a la cual no es fácil acceder, donde la ciencia ya se convierte casi en un asunto de fe, donde los doctos apóstoles de Pitágoras, Newton y Einstein nos comunican lo que han descubierto, lo que han pensado, lo que abundantes experimentos no han descartado. Muchas teorías no son más que eso, hipótesis que aún no han sido descartadas. Dimes y diretes, decir y desdecir. Y claro nunca falta un domingo siete que ante la dificultad salga con el creacionismo, pretendiendo salvar todo cuando Darwin no tiene sentido y Lamarck tampoco. De ahí eventualmente los pleitos y fanatismos. De ahí el cinismo y el escepticismo. De pronto aquello que no se entiende no vale la pena, sí la verdad es impenetrable e inútil, no vale la pena adquirirla. Ya no entendemos la ciencia, se nos fue por la tangente, a la velocidad de la luz.

De Newton para el mundo: Acción, reacción. Sí la ciencia no seduce por la verdad de laboratorio que descubre, entonces se nos mete en lo nuestro, en lo cotidiano. Y con un pequeño bang, la ciencia se ha rebajado, se convirtió en un asunto de popularidad, Einstein apoteósico, conocedor del mundo y de una sabiduría imperecedera, no sólo por sus trabajo científico sino por su estilo de vida: como si ser judío o arrepentirse de la bomba nuclear fuera un legado así trascendental cuando tantos otros también son judíos y se arrepentirían de la bomba. Se convirtió en un héroe, porque las películas tienen al científico sexy que salva el mundo porque descubrió la verdad de las cosas, o el viejito sabio científico que hace artilugios inverosímiles pero científicamente justificados. La ciencia ahora es un espectáculo televisivo, un juego para desmentir mitos urbanos, una vitrina circense de hombre gordos, siameses, o partos subacuáticos. Lo peor, la ciencia que abraza lo seudocientífico, para justificar que la ciencia está en todos, que tal vez se comunique en alegorías y entonces: Nostradamus. Ya está.

¡Qué familiar suena! Es como cuando el Papa dice que el infierno no existe, cuando ante los mitos urbanos se receta un santo y se cuentan las vidas de cuanto barbudo europeo existiera en la Edad Media. Las misas del sistema son por televisión y ahora incluyen modelos de computadora, es dogmática la ciencia porque establece sus reglas, si los obispos salen diciendo que Dios es amor, los científicos ungen todo de euclidianismo, de consecuencias lógicas. Ciclos. Comportamientos. Que se repiten. Péndulos. Un lado para acá, otro para allá. [¿Será que Creacionistas y Evolucionistas se pelean porque piensan según la misma forma, pero con argumentos diferentes?] El mundo es el mismo, porque el mundo no es sólo el hecho que la manzana caiga, sino que la manada de simios lo ve y piensa sobre eso. Cuando el sistema de reglas, de estructuras mentales se expande para que para todos los monos sea cierto inicia la decadencia y toca buscar otra cosa.

Llegó el fin, gente, se nos agotó la ciencia. La Física Cuántica es tan lejana como Dios, tan arbitraria como el panteón Olímpico. La evolución azarosa como Poseidón. No es nada malo, tampoco es que la compu en la que lee esto se le va a apagar, no es el fin del mundo ni nada así (aunque canales con nombres como Descubrimiento, Historia, Geografía que deberían ser parangones de objetividad salgan con los mayas y el 2012). Tampoco se cayeron las iglesias cuando el Papa admitió que el infierno no existe realmente y reinvindicó a Galileo Galilei. Algo saldrá y no nos convencerá, eso le tocará a otras generaciones. Nosotros viviremos regidos por reglas y leyes que no terminamos de entender, pero que nos bastan.

Sé que mientras hacía el desayuno ya no pensaba en esto. Los treinta segundos del anuncio se había agotado también. Al final y al cabo, para pegarle un mordisco a la tortilla, al queso, al huevo no necesito saber qué extraña forma tendrá el dios detrás de dios que la trama empieza. Me refugiaré en un paréntesis, lejos de la verdad, como siempre, como conviene.

The Emperor’s New Clothes

Las galimatías de un psicrólogo