Hola.

Mi nombre Julián y este es mi blog. En algún momento el blog fue más amplio, pero de eso ya fueron 10 años.  

Apocalípticos y pentecostales

Apocalípticos y pentecostales

Record scratch. Freeze frame. Sí, esta es Costa Rica y sí, estoy seguro de que se preguntan cómo llegamos aquí. No dudo que estas son las elecciones que lanzarán mil tesis de ciencias políticas, pero también de sociología, psicología, análisis del discurso, economía, historia, filosofía, estadística, lingüística y ¿por qué no? parapsicología, quiromancia y posiblemente criptozoología (a raíz de la mayúscula cantidad de avistamientos de bestias apocalípticas).  En pocas palabras, estamos en una coyuntura, en uno de esos instantes en los que el rumbo de un país cambia, en los que se forma (o deforma, según el punto de vista) aquello que caracteriza ontológicamente a Costa Rica. 

Es posible que anticipáramos esto. No con la lucidez que nos da la mirada retrospectiva, pero quizás sí supimos todos desde el inicio que estas elecciones envolvían, en medio de los rituales propios del ejercicio democrático, algo más, algo espeso, algo terrible y oscuramente denso. Quizá presentíamos que la lucha por el destino del país se enredaba en una especie de nudo gordiano y que la última administración se atribuye el gran fracaso de no haber -siquiera- intentado desenredarlo. Nos equivocamos, eso sí, en la identidad del gran anticristo de estas elecciones. Supusimos, temimos y reímos en torno a la magna y errática figura de Juan Diego Castro. Confundimos su discurso con los ecos de Le Pen, Trump y la AfD. Pero el protofascista se logró desvanecer del mapa, desbocándose como un perro rabioso en contra de su jurado némesis y murió así como un mastín con la presa en sus fauces. 

Inesperada es la figura del sacrosanto y místico Fabricio: él, el amo de su sierva, él, el magnánimo y guapo periodista de la televisión que posa su mirada sobre la bendecida figura de su danzante, él, el manilimpio, él, el pródigo cordero de Ronny, él, el macho ejemplar de la familia ejemplar, él, el indebatible, él, el que habla en lenguas imposibles de entender y en un acento imposible de soportar. ¿Realmente hemos llegado a un punto en el cual ese pueda a llegar a ocupar el puesto de presidente de la República?

El nudo gordiano fue deshecho; en Frigia Alejandro Magno lo cercenó con su espada, y aquí el filo del arma fue el dictamen de la CIDH y en las trizas de soga dispersas nos encontramos la Costa Rica "black mirror" que habitamos desde el primer lunes de febrero. Yo me confieso como parte de los apocalípticos, yo acepto que a pesar de que Fabricio pierda el 1º de abril ya algo se ha trastornado en el país, ya las fronteras del siglo XXI se retrajeron y las luchas que se creían ganadas se evidencian como victorias pírricas o cuando mucho como un knock-out técnico, carente de cualquier contundencia. Las actitudes por mucho tiempo consideradas caducas y cuyos últimos portavoces eran los viejitos impertérritos, ahora están en los labios de voceros más jóvenes que quien escribe. El 8M y los grafitis y las cinco detenidas sólo ponen en altavoz el discurso que ya habíamos creído vencido.

Naturalmente los apocalípticos existimos en una dicotomía. Eco los contraponía, en el contexto de la cultura de masas, a los integrados. En la política de Costa Rica se opondrían a los pentecostales, o más bien, a todos aquellos que independientemente de sus creencias religiosas ya se han unido al nuevo rebaño político.

Me seguirán pareciendo ilusas las posturas de ciertos grupos que se muestran dispuestos a "darle un break de cuatro años" a los derechos de minorías y mujeres y al respeto al estado de derecho en aras de la ilusión de llevar un control económico. Me parecen tan hipócritas como aquellas personas que asisten a los cultos pentecostales, a sabiendas de lo ridículos que son las habladurías en lenguas pero igual extienden el billete de veintemil a la hora de dar el diezmo, porque lo que ocupan es seguir siendo parte de esa comunidad, para llevar a cabo sus negocios, sus relaciones familiares y personales. Parte de Costa Rica ha sacrificado -si es que alguna vez ha tenido- la valentía. Ha sucumbido al encanto vacío del rebaño y de la integración, al menguante servilisimo de aceptar un líder ajeno con tal de formar parte del equipo ganador. No es sorprendente que aunque sean ellos quienes más vociferan por sucumbir y entregarse al nuevo orden, son también los más superfluos para los pastores del rebaño. 

Apocalipsis es un término griego que se entiende la mayor parte de las veces como "fin del mundo" aunque su significado literal es mucho más básico. Significa "revelación". Aquí, hoy, un sábado plácido y cálido de marzo, los apocalípticos aún permanecemos con los nervios helados y la mirada cansada, pendientes de todos los malos augurios que aún están por revelarse. 

Hail to the Thief

Hail to the Thief

Escribir más. Escribir de nuevo.

Escribir más. Escribir de nuevo.